¡Gracias por comentar!

El fantasma de canterville resumen del libro de oscar wilde.

El fantasma de Canterville

Resumen de El fantasma de Canterville, de Oscar Wilde

Personajes de el fantasma de canterville, personajes principales.

  • El fantasma de Canterville: el alma en pena de un noble llamado sir Simon Canterville. Por trescientos años embrujó el castillo de su familia luego de asesinar a su esposa lady Eleonore y morir nueve años después tras desaparecer en extrañas circunstancias.
  • Hiram B. Otis: ministro de los Estados Unidos, un acaudalado empresario estadounidense miembro del Partido Republicano. Se muda al castillo de Canterville sin hacer caso de las leyendas, pues no cree en los fantasmas. Lucrecia Otis: esposa del señor Otis.
  • Washington Otis: hijo mayor del matrimonio Otis, bautizado en honor a George Washington, algo que él detesta. Sensato, le gusta gastar bromas al fantasma de Canterville.
  • Virginia Otis: una muchacha de quince años graciosa y curiosa. Le gusta montar a caballo y se la describe como una amazona.
  • Los gemelos: conocidos como Rayas y Estrellas en honor a la bandera estadounidense, son dos chiquillos traviesos que le hacen la vida imposible al fantasma de Canterville a través de bromas y jugarretas.

Personajes secundarios

  • Lord Canterville: anterior dueño del castillo.
  • Duque de Cheshire: de nombre Cecil, es el enamorado de Virginia, con quien pretende desposarse.
  • Señora Umney: ama de llaves del castillo durante 50 años, una mujer sombría y tradicional.

Resumen de El fantasma de Canterville

Primera parte, segunda parte, tercera parte, opinión de el fantasma de canterville.

Autor del resumen

Enlaces de interés

  • Escúchalo en Audible (Gratis)
  • "El fantasma de Canterville", Libro en Amazon
  • Leer en Kindle - "El fantasma de Canterville"

Comentarios (4)

El fantasma de canterville.

captcha

Icono de buscar

Inicio / Novelas / El fantasma de Canterville

El fantasma de Canterville

  • Realismo mágico

Icono de Facebook

Acerca del libro

El fantasma de Canterville es una novela corta del escritor, dramaturgo y ensayista Oscar Wilde , publicada por primera vez en  1887 a través de dos entregas. Posteriormente fue incluida en la segunda colección de narración ficcional del autor, titulada El crimen de lord Arthur Saville y otras historias .

La obra se concentra en la familia Otis, quienes llegan a Inglaterra desde los Estados Unidos para vivir en el castillo de Canterville. Sin embargo, este sitio es bastante particular ya que desde hace tres siglos habita allí un fantasma que ha hecho imposible que las personas puedan vivir en el castillo.

Esta novela ha sido llevada a distintos escenarios, tales como el cine, el teatro y la televisión, y se ha conformado como una de las novelas más aclamadas del autor, además de un clásico de la literatura que refleja la contraposición entre la nobleza y sus costumbres con la vida burguesa del siglo XIX.

La obra inicia cuando Mr. Horim B. Otis, ministro de los Estados Unidos, llega a Inglaterra con el deseo de comprar el castillo de Canterville, propiedad de Lord Canterville. Sin embargo, este le menciona que no puede venderle la propiedad sin antes avisarle que desde 1584 existe allí la presencia de un fantasma, el cual ha impedido que la familia viva en el castillo.

Mr. Otis expresa que no cree en fantasmas ya que sus costumbres republicanas, al contrario de las inglesas, no le permiten tener ciertas fantasías, así que no le ve ningún problema. Después de comprar el castillo llega a él junto a su esposa, la señora Otis; su hijo mayor Washington, la señorita Virginia E. Otis y los gemelos, también llamados Estrellas y Barras.

La señora Umney, ama de llaves, los recibe en Canterville y la familia empieza a explorar la casa. Cuando se dirigen hacia la biblioteca notan una mancha de sangre en la alfombra, y el ama de llaves les menciona que es imposible limpiarla ya que pertenece a Lady Eleanore de Canterville, asesinada por su esposo Sir Simon de Canterville, y que aquella mancha era casi que una atracción para los turistas. Además, el limpiarla podría hacer enojar al fantasma de Sir Simon.

Washington se empeña en limpiar la mancha de sangre con un producto americano, y cuando lo hace cae un terrible estruendo y el ama de llaves se desmaya. La señora Otis pregunta qué pueden hacer cuando un ama de llaves se desploma, a lo que Mr. Otis responde que podrían bajarle el sueldo. Al escuchar esto ella se levanta inmediatamente.

Al día siguiente la mancha vuelve a aparecer y la situación se repite, solo que la mancha va cambiando de color, por lo que deciden contactar a unos psíquicos para resolver dicho problema.

Posteriormente la familia se va de paseo y olvida totalmente el asunto de la mancha de sangre, algo a lo que le restan importancia. En la noche, cuando todos están durmiendo, el fantasma empieza a acechar a la familia, arrastrando las dos cadenas que lleva colgadas en las manos. Al escuchar el ruido Mr. Otis le dice que puede darle un poco de aceite para que sus cadenas no suenen tanto. El fantasma se queda sorprendido por la respuesta de Mr. Otis.

El fantasma sale corriendo, enojado y gritando porque el plan no salió como esperaba. Al escucharlo, los gemelos empiezan a lanzarle almohadas, lo que frustra aún más su plan de asustar a la familia. La siguiente noche idea un mejor plan y se viste con una armadura, pero esta es demasiado pesada para él, por lo cual se cae. El sonido hace que la familia se despierte y los gemelos empiezan a lanzarle piedras.

La señorita Virginia nota que el fantasma está herido por la caída, así que lo ayuda a curar una de sus rodillas. De ahí en adelante decide que seguirá intentando asustar a los demás, pero que no le hará nada a Virginia debido al gran detalle que tuvo con él.

Una de sus estrategias consiste en seguir cubriendo la alfombra con la mancha de supuesta sangre, a pesar de todas las ocasiones en que Washington la vuelve a limpiar. Un día la mancha cobra un tono verde esmeralda, lo cual le encanta a la familia, por lo que deciden no volver a limpiarla.

Así, en vez de dar miedo, el fantasma se convierte en un entretenimiento, sobre todo para los gemelos que disfrutan al verlo esforzarse y fallar en todos sus intentos. En una ocasión el fantasma enferma ya que los gemelos le arrojan un balde de agua fría sobre su cabeza. Además de estar enfermo y enojado, Sir Simon se siente totalmente devastado, dado que la reputación y el miedo que había cosechado a través de siglos parecía no valer nada para la familia Otis.

El Duque de Cheshire, amigo de la familia, empieza a realizar visitas constantes, y al fantasma de Sir Simón no le agrada para nada este sujeto, pero decide no asustarlo para no ser visto por los demás integrantes. En una de esas visitas la Señorita Virginia sale a cabalgar con el duque, pero se le rompe el vestido al tratar de pasar una cerca, por lo que decide entrar en la casa por la puerta de atrás para pedirle a su madre que le arregle el vestido, pero en cambio se encuentra con el fantasma.

En un principio Virginia se asusta y piensa en salir corriendo, pero ve al fantasma tan triste y solo que decide acercarse para decirle que no se preocupe, que los gemelos pronto se irán y no le harán más travesuras, y que si se porta bien podrá volver a estar en la casa. Él le responde que estar así no tiene propósito alguno, ya que su responsabilidad como fantasma es asustar y que su odiosa familia se lo está impidiendo.

Virginia se enoja y le dice que el odioso y grosero es él, ya que siempre notó que robaba sus pinturas para hacer las manchas de sangre sobre la alfombra, y que además era un hombre malo por asesinar a su esposa. Sir Simón le responde que no entendería los motivos por los cuales la asesinó, pero que es una cuestión de familia, y que lo único que quiere a estas alturas es descansar, ya que por más de 300 años no ha podido dormir.

Virginia se conmueve y le pregunta si no tiene un lugar para dormir, él dice que no, pero que le encantaría yacer bajo el pasto y descansar. Le pide ayuda, ya que la leyenda de la biblioteca dice que solo una niña con buen corazón será capaz de ayudarlo, si llora y reza por él. En un primer momento ella duda, pero finalmente decide ayudarlo. Sir Simón le dice que tendrá que llevarla a un lugar horrible, donde verá y escuchará cosas terribles, pero que no se asuste ya que nada puede tocar el alma pura de una niña.

Cuando la familia Otis se dispone a cenar notan la ausencia de Virginia, la buscan por todas partes y llegan a pensar que unos gitanos a los que Mr. Otis había dejado quedar en su patio días atrás la han raptado. Salen entonces en búsqueda de los gitanos junto al duque Cheshire, pero dicha excursión es en vano y no saben qué pensar sobre el destino de la niña.

Cuando el reloj marca las 12 en punto y empieza a sonar, un ruido estridente sale de la casa. La familia se asusta y corre hacia el lugar de donde proviene el sonido, y desde un pequeño pasillo sale Virginia llevando un cofrecito con joyas que le ha obsequiado Sir Simon. Todos se alegran enormemente de verla, y ella con una actitud seria menciona que ha estado con el fantasma, el cual está muy arrepentido y al que todos deben buscar de inmediato.

Virginia guía a la familia por un sótano secreto y allí encuentran un esqueleto encadenado, el cual está en posición de arrastrarse junto a un vaso y un plato fuera de su alcance. Virginia toma la mano del esqueleto y empieza a rezar, acto seguido uno de los gemelos ve por la ventana cómo crece un hermoso cerezo, señal de que el fantasma realmente se ha arrepentido y ahora está descansando.

Días después preparan el funeral para Sir Simon, y todo fue tal cual él lo esperaba. Al ver aquella escena, a Virginia se le llenan los ojos. Tiempo después se casa con el duque y se convierte también en una duquesa. Después de su luna de miel vuelven al castillo de Canterville y visitan la tumba de Sir Simon. Allí el duque le pregunta si alguna vez le contará lo que ha vivido cuando se fue con el fantasma. Virginia menciona que aquel es un secreto que no puede revelar a nadie, pero que gracias al fantasma ha aprendido sobre el amor y la vida.

  • Hiram B. Otis:  ministro estadounidense que llega a Inglaterra junto a toda su familia para vivir en Canterville. Se caracteriza por ser un hombre escéptico, materialista y fiel a las ideas republicanas promulgadas en su país de origen.
  • Señora Lucrecia Otis: esposa de Mr. Otis. Una mujer de apariencia hermosa según las costumbres estadounidenses y totalmente entregada a su hogar.
  • El fantasma de Canterville – Sir Simon Canterville: hombre de origen noble que vivió en el castillo en épocas medievales. Asesinó a su esposa y fue condenado por dicho pecado a penar como fantasma por la eternidad.
  • Señorita Virginia Otis: hija de la familia Otis. Tiene 15 años, es rubia de ojos azules y se caracteriza por su gran nobleza. Es la única persona que se ofrece a ayudar al fantasma en su pena.
  • Washington Otis: hijo mayor de los Otis. Un hombre joven, práctico y escéptico hacia la presencia del fantasma. Sus padres le dieron ese nombre para mostrar su gran sentido patriótico y republicano.
  • Los gemelos: hijos menores de la familia Otis. Son traviesos y por ello le hacen la vida imposible al fantasma. También tienen el apodo de Estrellas y Barras, en referencia a la bandera de los Estados Unidos y a lo traviesos que pueden llegar a ser, hecho por el cual siempre resultan castigados.

Análisis literario

El fantasma de Canterville es una novela corta que mezcla el humor y el estilo gótico característico del autor, en un relato que pretende mostrar los contrastes de culturas entre Inglaterra y Estados Unidos, a fines de la época victoriana.

Uno de los aspectos más importantes de la obra es el cambio de mentalidad de la época provocada por el progreso industrial y tecnológico. Relacionado con lo anterior, el ascenso de la clase burguesa y los intereses materialistas en contraposición con una sociedad aristócrata en declive.

Para escribir esta novela, Oscar Wilde se inspiró en sus viajes como conferencista en los Estados Unidos. Allí pudo notar las diferencias culturales entre los dos países angloparlantes, por lo cual alrededor de los 7 capítulos se pretende realizar una sátira de la sociedad materialista y costumbrista del momento; mostrando que, al final, aspectos como la humildad, la nobleza, la amabilidad, el amor y el perdón son los más importantes para vivir en tranquilidad.

  • “Sí, la Muerte. La Muerte debe ser hermosa. Yacer en la tierra oscura y blanda, con el pasto ondeando sobre uno, escuchando el silencio. No tener ayer ni mañana. Olvidar el tiempo, perdonar la vida, estar en paz”. El fantasma de Canterville .
  • “Él me hizo ver qué es la vida, qué significa la Muerte y por qué el Amor es más fuerte que ambas”. Virginia Otis.
  • “Puedes guardar tu secreto todo el tiempo que quieras, mientras yo tenga tu corazón”. El Duque de Cheshire.
  • “Sus dedos estaban fríos como el hielo y sus labios abrazaban como el fuego”. Narrador.
  • “Creo que el país de los abuelos está tan lleno de gente, que no hay buen tiempo bastante para todo el mundo. Siempre opiné que lo mejor que pueden hacer los ingleses es emigrar”. Mr. Otis.

Acerca del autor

Oscar Fingal O’Flahertie Wills Wilde fue un escritor, poeta, dramaturgo y conferencista que nació en Dublín, Irlanda, el 16 de octubre de 1854 y murió en París, Francia, en el año 1900.

Estudió en la Portora Royal School de Euniskillen, en el Trinity College de Dublín y posteriormente en el Magdalen College de Oxford, donde ganó uno de los premios de poesía más prestigiosos de la época. Fue reconocido por su producción escrita, conferencias y obras de teatro que se dedicaba a componer para las casas teatrales más importantes del momento.

Entre sus obras más importantes se encuentran El príncipe feliz (1888), El retrato de Dorian Gray (1890), Salomé (1896), La importancia de llamarse Ernesto (1895), entre otras. Su novela más reconocida, Dorian Gray, le llevó fuertes críticas en la época, ya que se le reprochó el promover tendencias sodomitas. Posteriormente un marqués lo acusó de mantener relaciones homosexuales con uno de sus amigos, lo cual le costó dos años de prisión.

Todos los triunfos obtenidos y su reputación se vieron truncados por los juzgamientos de la época, por ello al salir de prisión se cambió el nombre a Sebastian Melmoth y se radicó en París. Allí pasó sus últimos días en una delicada situación económica y de salud. Solo hasta mucho tiempo después de su muerte, sus obras volvieron a publicarse y a ser reconocidas por el mundo literario.

Icono de votación positiva

Más resúmenes:

portads de harry potter y la piedra filosofal

El fantasma de Canterville

El fantasma de Canterville

Título original: The Canterville Ghost

Editorial: Losada

Año publicación: 2016 ( 1887 )

Temas: Cuentos y relatos

Nota media: 8 / 10 (56 votos)

Resumen y sinopsis de El fantasma de Canterville de Oscar Wilde

Con una inteligente mezcla de sátira social y elaborada farsa, 'El fantasma de Canterville', publicada en 1887, narra la historia de una sofisticada familia norteamericana, los Otis, que compran el antiguo castillo inglés de los Canterville. El anciano dueño del castillo les habla de que en la mansión habita desde tiempos inmemoriales el colérico fantasma de Lord Simon Canterville, que mató a su esposa y cuyo cuerpo desapareció después misteriosamente.

Esta familia decide comprar igualmente el castillo con fantasma incluído y acaban sometiendo al pobre espectro en un juguete y víctima de los dos niños de los Otis.

Reseña de El fantasma de Canterville

Comentarios y opiniones de el fantasma de canterville.

titumarco

Especie de sátira del género gótico, presenta la historia del fantasma Sir Simon Canterville, quien ha vagado durante trescientos años por su castillo, buscando el descanso eterno que solo se concretará al cumplirse cierta profecía, la cual podría hacerse realidad con la llegada de una niña, Virginia, hija de una familia llegada de Norteamérica que adquiere la propiedad, a pesar de las advertencias de la presencia del fantasma.

Wilde aprovecha para deslizar en la trama una crítica a ciertos convencionalismos sociales, confrontando a su vez la tradición inglesa y la modernidad norteamericana, en un ambiente algo sórdido, oscuro, donde la piedad, la redención y la elevación de sentimientos puros se sobreponen al descreimiento y la simplicidad materialista "ajena al valor simbólico de los fenómenos sensibles".

Uno de los grandes relatos del siempre vigente escritor irlandés.

Me hicieron leer esta obra en la escuela secundaria. Es una historia simple, con buenos toques de humor y bien narrada. Es el único libro que leí de Wilde. Lo recomiendo para chicos a partir de los 10 años ya que les va a resultar muy entretenido.

Obra marcada con una alta carga irónica. Si bien la trama tiene un trasfondo más emocional, la sátira en la narrativa hacen de este relato una aventura divertida de leer junto a las peculiares reflexiones que Oscar Wilde vierte puntualmente. Más que recomendable.

Una novela casi picaresca diría yo. Muy sutil en su critica y superentretenida. Teniendo en cuenta la época en que fue escrita puedo decir que fue una novedad en su género.

Divertido, ameno, crítico, irónico.

YembloElias

Un relato corto muy entretenido, parece una simple y absurda historia de una casa embruja pero una vez lo terminas de leer comprendes que tiene un significado más profundo y puedes hasta llegar a empatizar con el fantasma.

PepeJota

Clásico de esos de los que esperas algo más. Quizás en su época marcó la diferencia.

Una historia que recuerdo desde mi infancia, en los libros de texto gratuito de la primaria. Dista mucho de ser una historia sobrenatural, está plagada de fina ironía. Melancólica y linda historia

reah_29

Los relatos de Oscar Wilde siempre saben como divertir y tocar las conciencias gracias a un trasfondo social bien definido y disfrazado con el humor de la sátira social. Quizás por eso sus cuentos me gustan tanto y, si bien algunos han envejecido notablemente mal, la mayoría mantiene parte de su vigencia.

¿Qué decir de Oscar Wilde? Sin duda alguna es un excelente escritor, tanto de prosa como de teatro. Su maravilloso estilo de narración, a veces demasiado lírico y otras veces excesivo en cuanto a descripciones, hace las delicias de todos los amantes de la buena literatura.

Además de un desarrollo impecable, las obras de Wilde presentan un estilo fluido, que dinamiza la lectura y un lenguaje casi musical que atrae a cualquier lector.

En el Fantasma de Canterville, Wilde despliega toda su ironía y sutileza humorística para satirizar la costumbre ancestral de los castillos embrujados, tan típicos de la Inglaterra del siglo XVIII. La historia narra como una familia americana compra un viejo castillo que incluye un fantasma que hará todo lo posible por atormentarlos. Sin embargo se encuentra con una familia escéptica y pragmática, que lejos de asustarse, ridiculizan e ignoran al pobre fantasma.

En resumen, nos encontramos ante un gran libro, lleno de humor, pero capaz de criticar los usos y costumbres de una sociedad, que bajo la mirada del autor, era plenamente decadente. Nos encontramos, pues, ante una pequeña joya de la literatura con la que disfrutar y pasar un rato fantástico.

lord_byron

Novela corta que tiene una buena dosis de humor y momentos interesantes (como el que se ríe del sistema capitalista), pero creo que es posible que va a pasar por la vida de algún lector sin pena ni gloria.

Artículos relacionados

Vuestros libros recomendados en #librosparaniños.

El pasado 20 de noviembre, para celebrar el Día Universal del Niño, decidimos lanzar en nuestro Twitter el hashtag #LibrosParaNiños con la intención de que vosotros, nuestros lectores y amigos, recomendarais esos libros que tanto os hacían soñar de pequeños o bien los que ahora disfrutáis junto a vuestros hijos (o sobrinos). El éxito de esta pequeña convocatoria ha sido tal que hemos decidido recopilar los libros y autores que más h…

Leer post completo

Personajes del libro

Fantasma de Canterville creado por Oscar Wilde

Fantasma de Canterville creado por Oscar Wilde

Fantasma inglés, sir Simon de Canterville es uno de los personajes creados por el escritor británico Oscar Wilde para protagonizar su novela paródica  El fantasma de Canterville , publicada originalmente en forma de serial en 1891 .

Tras asesinar a su esposa, Simon de Canterville es condenado a muerte y su espíritu ronda el castillo de su familia asustando a sus visitantes. Tras siglos embrujando el castillo sir Simon se enfrenta a un nuevo reto:  aterrorizar a una familia americana que se muestra indiferente ante el clásico despliegue de ruidos y apariciones que siempre ha utilizado.

Gracias a su relación con la joven Virginia, la hija…

Usamos cookies propias y de terceros con fines publicitarios, de sesión, analíticas y de redes sociales. Cualquier acción que no sea su bloqueo, o la solicitud expresa del servicio vinculado a la cookie, implican el consentimiento para su uso. Consulte nuestra Política de privacidad

aion.mx

Reseña: El fantasma de Canterville, de Oscar Wilde

Reseña El fantasma de Canterville

Ficha técnica

Título: El fantasma de Canterville y otros relatos

Autor: Oscar Wilde

Género: Cuento

Subgénero: Terror / Humor

Ilustrado por Fernando Falcone

Editorial: Alma (clásicos ilustrados)

Formato: Pasta dura

Algunos datos sobre El fantasma de Canterville

El fantasma de Canterville es un cuento, del escritor británico-irlandés, Oscar Wilde , el cual fue publicado por primera vez en 1887, en la Revista: The Court and Society Review . Años más tarde fue editado, junto con otros cuentos, en formato de libro. Este relato es uno de los más conocidos del autor, debido a que, además de ser uno de sus textos más leídos, ha sido adaptado en varias ocasiones, al cine, teatro, radio y televisión.

Reseña de El fantasma de Canterville

La historia cuenta la vida de los Otis, una típica familia estadounidense que decide irse a Inglaterra; allá adquieren el castillo de Canterville, a donde se mudan, a pesar de las advertencias dadas por el antiguo dueño, de que en él habita un fantasma. Al llegar a su nuevo hogar, los Otis presenciarán varios acontecimientos sobrenaturales; sin embargo, sus reacciones serán muy poco comunes ante los hechos.

El estilo empleado por Wilde resulta cómico y crítico a la vez, valiéndose de un lenguaje coloquial y moderno para señalar las costumbres de una sociedad burguesa, consumista y pragmática, cada vez más creciente durante ese tiempo.

El fantasma de Canterville es un relato bastante original, entretenido y ligero, por lo que es una lectura ideal para cualquier edad. Si aún no lo has leído, estoy segura de que te regalará un buen rato de placer literario.

Ediciones recomendadas

Hay muchas traducciones y ediciones de este clásico de la literatura; sin embargo, la mejor edición para cada persona dependerá de varios factores como su edad, intereses y propósitos, por ello les recomiendo cuatro ediciones de esta fantástica historia.

1. Edición ilustrada de editorial Alma

La versión de editorial Alma además de El fantasma de Canterville incluye los principales cuentos de Oscar Wilde como: El príncipe feliz, El ruiseñor y la rosa, El gigante egoísta, El crimen de lord Arthur Savile, El modelo millonario, El cumpleaños de la infanta, El pescador y su alma, entre otros. Su presentación en pasta dura y con bellas ilustraciones es ideal para realizar un regalo o para coleccionarlo.

2. Edición ilustrada de editorial El zorro rojo

Si buscas una edición llamativa para niños o adolescentes, que contenga exclusivamente El fantasma de Canterville puedes optar por la versión de El zorro rojo , la cual contiene ilustraciones en blanco y negro, pero muy llamativas de Oski.

3. Edición escolar de editorial Siruela

Si eres profesor o deseas mejorar tu comprensión de lectura y ahondar en los relatos, la edición de Siruela (Colección Escolar) te resultará ideal, pues además de incluir los cuentos más famosos del autor irlandés, tiene una sección con actividades para profundizar la lectura de cada uno de los relatos contenidos en el libro.

4. Edición seria de editorial Alianza

Finalmente, si simplemente quieres una buena traducción del texto, te recomiendo adquirir la versión de Alianza editorial, la cual contiene otros famosos relatos de Oscar Wilde, como: El crimen de lord Arthur Savile, La esfinge sin secreto y El modelo millonario, entre otros.

Frases de El fantasma de Canterville

“Vengo de un país moderno en el que podemos tener todo cuanto puede proporcionar el dinero, y como nuestros jóvenes son muy avispados y recorren divirtiéndose todo el viejo continente, quitándoles a ustedes sus mejores actrices primadonnas , estoy seguro de que si queda todavía un auténtico fantasma en Europa, vendrán a buscarlo para colocarlo en uno de nuestros museos públicos o para exhibirlo como un fenómeno de feria”. Oscar Wilde.

“El fantasma se alzó bruscamente, lanzando un grito de furor salvaje, y se disipó en medio de ellos, como una niebla, apagando de paso la vela de Washington Otis y dejándolos a todos en la mayor oscuridad”. Oscar Wilde.

“Algunas veces resulta dificilísimo permanecer despierto, sobre todo en la iglesia; pero en cambio, dormir me parece muy sencillo. Ya ve usted, los niños saben dormir admirablemente y no son de los más listos”. Oscar Wilde.

Otras obras de Oscar Wilde

Si te gusta la literatura de Oscar Wilde, también te recomendamos los siguientes libros:

  • Oscar Wilde: Obra Selecta.
  • El príncipe feliz (ilustrado), Oscar Wilde.
  • El retrato de Dorian Gray (ilustrado), Oscar Wilde.
  • De profundis, Oscar Wilde.
  • La importancia de llamarse Ernesto y otras obra de teatro, Oscar Wilde.

Leer más reseñas literarias.

corrección profesional de textos y estilo

Talía Morales

Licenciada en Filosofía y cofundadora de Revista aion.mx, donde también se desempeña como Editora y articulista. Además es cofundadora del sitio de tanatología y filosofía, menteycorazon.com.

Leave a Reply Cancel reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .

Poemario Singularidad en lo cotidiano

  • Edición de libros físicos y electrónicos
  • Corrección profesional de textos

Convocatoria la guerra y sus consecuencias

¿Quieres recibir nuestros boletines? ¡Suscríbete!

  • Filosofía y humanidades
  • Libros y literatura
  • Arte y cultura
  • Todas las anteriores

Licencia de Creative Commons

el fantasma de canterville mensaje de la obra

El Fantasma de Canterville – RESEÑA – OSCAR WILDE

El fantasma de Canterville es una famosa novela del escritor Oscar Wilde, publicada en el año de 1887,  la cual es caracterizada por tener tintes de novela de terror e incluso de humor, es una historia que ha sido analizada desde muchas posturas, tanto como una critica al materialismo burgués, a la sátira hacia las supersticiones y el apego a las riquezas.

Esta historia la leí por primera vez a los 9 años ( era una versión para niños) y la verdad en aquel entonces no me pareció atractiva y creía que a ninguna persona podría gustarle ese tipo de historias, aunque yo desde aproximadamente esa edad comencé a leer a Edgar Allan Poe, El fantasma de Canterville no me encantó como creí que podría hacerlo.

Ahora 14 años después, me doy cuenta de que si me iba a gustar tarde o temprano, pues ya la he leído tanto que no se cuantas veces han sido en realidad y hoy me he propuesto dejar una breve reseña de la misma, pues es una novela no muy extensa y trataré de no dar algún dato que arruine la trama (SPOILER).

libros de terror cortos

La historia comienza cuando Mister Hiram B. Otis, ministro de EUA, compró a Lord Canterville la finca de su propiedad, la cual se decía que estaba embrujada por un tal Sir Simón de Canterville, quien en un pasado había sido un hombre nefasto, con conductas antisociales y el asesino de su propia esposa Lady Eleonor de Canterville. 

Se le informó que ese fantasma había ya provocado desgracias a la familia desde hace mas de 300 años, pero a Mister Hiram no le importó eso, pues el decía que sus raíces Estadounidenses eran suficientes para no dejarse llevar por habladurías de personas supersticiosas.

La familia de este persona estaba conformada por la Señora Otis, Miss Lucresia R. Tappan, 4 hijos; su hijo mayor de nombre Washington, la jovencita Virginia E. Otis y dos gemelos, los mas pequeños de la familia.

Debido a que la familia comenzó a vivir en ese lugar. el famoso fantasma comienza a realizar su labor, asustar a cada miembro de la familia para demostrar el porque ha sido temido por mas de 3 siglos.

Aquí es donde comienzan los sucesos que puede que no sean como en un principio estaban planeados por el fantasma de Canterville, pues los miembros de la familia resultaron mas astutos de lo que el hubiera imaginado, causando incluso que la impaciencia del fantasma llegue a tal grado que planea de todo tipo de estrategias para llevar a cabo su cometido y como ultimo recurso toma la decisión definitiva que cambiara la historia de toda la familia y de la gran leyenda que hay detrás de Canterville.

el fantasma de canterville mensaje de la obra

¡SÍGUEME PARA MAS CONTENIDO!

Comparte esto:

¡te va interesar leer esto, deja un comentario cancelar la respuesta.

Guarda mi nombre, correo electrónico y web en este navegador para la próxima vez que comente.

Recibir un correo electrónico con los siguientes comentarios a esta entrada.

Recibir un correo electrónico con cada nueva entrada.

Anfrix logo púrpura optimized.

El fantasma de Canterville, Oscar Wilde. Resumen y texto completo

Explicación y resumen de la obra.

Ilustración del Fantasma de canterville.

Este cuento clásico escrito por Oscar Wilde trata sobre la historia de un fantasma de origen que ocupa el Castillo de Canterville en un pequeño pueblo de la campiña inglesa ubicado cerca de Ascot.

En el cuento, Hiram B. Otis, un hombre de los Estados Unidos, se muda con su familia a dicho castillo, incluso tras ser advertidos por el viejo Canterville de la presencia del fantasma. Dicho fantasma era el espíritu de sir Simon de Canterville había tomado posición del castillo hacía 300 años tras asesinar a su esposa, lady Eleonore de Canterville.

Otis, un hombre de la modernidad y el progreso, no creía en dichas historias supersticiosas por lo que de todas maneras se mudó con su familia. La familia de Otis estaba compuesta por sus hijos Washington y Virginia, y su esposa Lucrecia. Cuando se mudaron lo primero que hicieron fue mofarse jocosamente del «fantasma», del cual ellos no creían.

A pesar de experimentar ciertos sucesos paranormales, estos seguían mofándose, pensando que solo se trataba de casualidades. Curiosamente, la familia se lo toma tan a la ligera, que no solo el fantasma no logra asustarlos. Si no que además, de manera hilarante, se convierte el mismo en la víctima de las bromas de la familia.

El significado del fantasma de Canterville

En definitiva, El fantasma de Canterville es un cuento corto humorístico pero con un mensaje interesante y certero. Es el encuentro y choque entre dos mundos: el más antiguo y supersticioso representado por los ingleses, quienes temían al fantasma; y el más moderno y menos supersticioso representado por los estadounidenses, quienes no eran supersticiosos y se burlaban del fantasma. Al no temer al fantasma, este no tenía poder o influencia alguna sobre ellos.

El fantasma de Canterville

Cuando el señor Hiram B. Otis, el ministro de Estados Unidos, compró Canterville-Chase, todo el mundo le dijo que cometía una gran necedad, porque la finca estaba embrujada. Hasta el mismo lord Canterville, como hombre de la más escrupulosa honradez, se creyó en el deber de participárselo al señor Otis cuando llegaron a discutir las condiciones.

-Nosotros mismos -dijo lord Canterville- nos hemos resistido en absoluto a vivir en ese sitio desde la época en que mi tía abuela, la duquesa de Bolton, tuvo un desmayo, del que nunca se repuso por completo, motivado por el espanto que experimentó al sentir que dos manos de esqueleto se posaban sobre sus hombros, mientras se vestía para cenar. Me creo en el deber de decirle, señor Otis, que el fantasma ha sido visto por varios miembros de mi familia, que viven actualmente, así como por el rector de la parroquia, el reverendo Augusto Dampier, agregado de la Universidad de Oxford. Después del trágico accidente ocurrido a la duquesa, ninguna de las doncellas quiso quedarse en casa, y lady Canterville no pudo ya conciliar el sueño, a causa de los ruidos misteriosos que llegaban del corredor y de la biblioteca. -Señor -respondió el ministro-, adquiriré el inmueble y el fantasma, bajo inventario. Llego de un país moderno, en el que podemos tener todo cuanto el dinero es capaz de proporcionar, y esos mozos nuestros, jóvenes y avispados, que recorren de parte a parte el viejo continente, que se llevan los mejores de vuestros actores, y sus mejores prima donnas, estoy seguro de que si queda todavía un verdadero fantasma en Europa vendrán a buscarlo enseguida para colocarlo en uno de nuestros museos públicos o para pasearlo por los caminos como un fenómeno.

-El fantasma existe, me lo temo -dijo lord Canterville, sonriendo-, aunque quizá se resiste a las ofertas de vuestros intrépidos empresarios. Hace más de tres siglos que se le conoce. Data, con precisión, de mil quinientos setenta y cuatro, y no deja de mostrarse nunca cuando está a punto de ocurrir alguna defunción en la familia.

-¡Bah! Los médicos de cabecera hacen lo mismo, lord Canterville. Amigo mío, un fantasma no puede existir, y no creo que las leyes de la Naturaleza admitan excepciones en favor de la aristocracia inglesa.

-Realmente sois vosotros muy naturales en Estados Unidos -dijo lord Canterville, que no acababa de comprender la última observación del señor Otis-. Ahora bien: si le gusta a usted tener un fantasma en casa, mejor que mejor. Acuérdese únicamente de que yo lo previne. Algunas semanas después se cerró el trato, y a fines de estación el ministro y su familia emprendieron el viaje a Canterville.

La señora Otis, que con el nombre de señorita Lucrecia R. Tappan, de la calle Oeste, 52, había sido una ilustre “beldad” de Nueva York, era todavía una mujer guapísima, de edad regular, con unos ojos hermosos y un perfil soberbio.

Muchas damas norteamericanas, cuando abandonan su país natal, adoptan aires de persona atacada de una enfermedad crónica, y se figuran que eso es uno de los sellos de distinción de Europa; pero la señora Otis no cayó nunca en ese error.

Tenía una naturaleza magnífica y una abundancia extraordinaria de vitalidad. A decir verdad, era completamente inglesa bajo muchos aspectos, y hubiese podido citársele en buena lid para sostener la tesis de que lo tenemos todo en común con Estados Unidos hoy en día, excepto la lengua, como es de suponer.

Su hijo mayor, bautizado con el nombre de Washington por sus padres, en un momento de patriotismo que él no cesaba de lamentar, era un muchacho rubio, de bastante buena figura, que se había erigido en candidato a la diplomacia, dirigiendo un cotillón en el casino de Newport durante tres temporadas seguidas, y aun en Londres pasaba por ser bailarín excepcional.

Sus únicas debilidades eran las gardenias y la patria; aparte de esto, era perfectamente sensato.

La señorita Virginia E. Otis era una muchachita de quince años, esbelta y graciosa como un cervatillo, con un bonito aire de despreocupación en sus grandes ojos azules. Era una amazona maravillosa, y sobre su caballito derrotó una vez en carreras al viejo lord Bilton, dando dos veces la vuelta al parque, ganándole por caballo y medio, precisamente frente a la estatua de Aquiles, lo cual provocó un entusiasmo tan delirante en el joven duque de Cheshire, que le propuso acto continuo el matrimonio, y sus tutores tuvieron que expedirlo aquella misma noche a Elton, bañado en lágrimas.

Después de Virginia venían dos gemelos, conocidos de ordinario con el nombre de Estrellas y Bandas, porque se les encontraba siempre ostentándolas.

Eran unos niños encantadores, y, con el ministro, los únicos verdaderos republicanos de la familia.

Como Canterville-Chase está a siete millas de Ascot, la estación más próxima, el señor Otis telegrafió que fueran a buscarlo en coche descubierto, y emprendieron la marcha en medio de la mayor alegría. Era una noche encantadora de julio, en que el aire estaba aromado de olor a pinos.

De cuando en cuando se oía una paloma arrullándose con su voz más dulce, o se entreveía, entre la maraña y el frufrú de los helechos, la pechuga de oro bruñido de algún faisán. Ligeras ardillas los espiaban desde lo alto de las hayas a su paso; unos conejos corrían como exhalaciones a través de los matorrales o sobre los collados herbosos, levantando su rabo blanco.

Sin embargo, no bien entraron en la avenida de Canterville-Chase, el cielo se cubrió repentinamente de nubes. Un extraño silencio pareció invadir toda la atmósfera, una gran bandada de cornejas cruzó calladamente por encima de sus cabezas, y antes de que llegasen a la casa ya habían caído algunas gotas.

En los escalones se hallaba para recibirlos una vieja, pulcramente vestida de seda negra, con cofia y delantal blancos.

Era la señora Umney, el ama de llaves que la señora Otis, a vivos requerimientos de lady Canterville, accedió a conservar en su puesto. Hizo una profunda reverencia a la familia cuando echaron pie a tierra, y dijo, con un singular acento de los buenos tiempos antiguos:

-Les doy la bienvenida a Canterville-Chase.

La siguieron, atravesando un hermoso vestíbulo de estilo Túdor, hasta la biblioteca, largo salón espacioso que terminaba en un ancho ventanal acristalado.

Estaba preparado el té.

Luego, una vez que se quitaron los trajes de viaje, se sentaron todos y se pusieron a curiosear en torno suyo, mientras la señora Umney iba de un lado para el otro.

De pronto, la mirada de la señora Otis cayó sobre una mancha de un rojo oscuro que había sobre el pavimento, precisamente al lado de la chimenea y, sin darse cuenta de sus palabras, dijo a la señora Umney:

-Veo que han vertido algo en ese sitio. -Sí, señora -contestó la señora Umney en voz baja-. Ahí se ha vertido sangre. -¡Es espantoso! -exclamó la señora Otis-. No quiero manchas de sangre en un salón. Es preciso quitar eso inmediatamente.

La vieja sonrió, y con la misma voz baja y misteriosa respondió:

-Es sangre de lady Leonor de Canterville, que fue muerta en ese mismo sitio por su propio marido, Simón de Canterville, en mil quinientos sesenta y cinco. Simón la sobrevivió nueve años, desapareciendo de repente en circunstancias misteriosísimas. Su cuerpo no se encontró nunca, pero su alma culpable sigue embrujando la casa. La mancha de sangre ha sido muy admirada por los turistas y por otras personas, pero quitarla, imposible.

-Todo eso son tonterías -exclamó Washington Otis-. El detergente y quitamanchas marca “Campeón Pinkerton” hará desaparecer eso en un abrir y cerrar de ojos.

Y antes de que el ama de llaves, aterrada, pudiera intervenir, ya se había arrodillado y frotaba vivamente el entarimado con una barrita de una sustancia parecida a un cosmético negro. A los pocos instantes la mancha había desaparecido sin dejar rastro.

-Ya sabía yo que el “Campeón Pinkerton” la borraría -exclamó en tono triunfal, paseando una mirada circular sobre su familia, llena de admiración.

Pero apenas había pronunciado esas palabras, cuando un relámpago formidable iluminó la estancia sombría, y el retumbar del trueno levantó a todos, menos a la señora Umney, que se desmayó.

-¡Qué clima más atroz! -dijo tranquilamente el ministro, encendiendo un largo cigarro-. Creo que el país de los abuelos está tan lleno de gente, que no hay buen tiempo bastante para todo el mundo. Siempre opiné que lo mejor que pueden hacer los ingleses es emigrar.

-Querido Hiram -replicó la señora Otis-, ¿qué podemos hacer con una mujer que se desmaya? -Descontaremos eso de su salario en caja. Así no se volverá a desmayar.

En efecto, la señora Umney no tardó en volver en sí. Sin embargo, se veía que estaba conmovida hondamente, y con voz solemne advirtió a la señora Otis que debía esperarse algún disgusto en la casa.

-Señores, he visto con mis propios ojos algunas cosas… que pondrían los pelos de punta a cualquier cristiano. Y durante noches y noches no he podido pegar los ojos a causa de los hechos terribles que pasaban.

A pesar de lo cual, el señor Otis y su esposa aseguraron vivamente a la buena mujer que no tenían miedo ninguno de los fantasmas.

La vieja ama de llaves, después de haber impetrado la bendición de la Providencia sobre sus nuevos amos y de arreglárselas para que le aumentasen el salario, se retiró a su habitación renqueando.

La tempestad se desencadenó durante toda la noche, pero no produjo nada extraordinario. Al día siguiente, por la mañana, cuando bajaron a almorzar, encontraron de nuevo la terrible mancha sobre el entarimado.

-No creo que tenga la culpa el “limpiador sin rival” -dijo Washington-, pues lo he ensayado sobre toda clase de manchas. Debe ser el fantasma.

En consecuencia, borró la mancha, después de frotar un poco. Al otro día, por la mañana, había reaparecido. Y, sin embargo, la biblioteca había permanecido cerrada la noche anterior, porque el señor Otis se había llevado la llave para arriba. Desde entonces, la familia empezó a interesarse por aquello. El señor Otis se hallaba a punto de creer que había estado demasiado dogmático negando la existencia de los fantasmas. La señora Otis expresó su intención de afiliarse a la Sociedad Psíquica, y Washington preparó una larga carta a los señores Myers y Podmone, basada en la persistencia de las manchas de sangre cuando provienen de un crimen. Aquella noche disipó todas las dudas sobre la existencia objetiva de los fantasmas.

La familia había aprovechado la frescura de la tarde para dar un paseo en coche. Regresaron a las nueve, tomando una ligera cena. La conversación no recayó ni un momento sobre los fantasmas, de manera que faltaban hasta las condiciones más elementales de “espera” y de “receptibilidad” que preceden tan a menudo a los fenómenos psíquicos. Los asuntos que discutieron, por lo que luego he sabido por la señora Otis, fueron simplemente los habituales en la conversación de los norteamericanos cultos que pertenecen a las clases elevadas, como, por ejemplo, la inmensa superioridad de miss Janny Davenport sobre Sarah Bernhardt, como actriz; la dificultad para encontrar maíz verde, galletas de trigo sarraceno, aun en las mejores casas inglesas; la importancia de Boston en el desenvolvimiento del alma universal; las ventajas del sistema que consiste en anotar los equipajes de los viajeros, y la dulzura del acento neoyorquino, comparado con el dejo de Londres. No se trató para nada de lo sobrenatural, no se hizo ni la menor alusión indirecta a Simón de Canterville. A las once, la familia se retiró. A las doce y media estaban apagadas todas las luces. Poco después, el señor Otis se despertó con un ruido singular en el corredor, fuera de su habitación. Parecía un ruido de hierros viejos, y se acercaba cada vez más. Se levantó en el acto, encendió la luz y miró la hora. Era la una en punto. El señor Otis estaba perfectamente tranquilo. Se tomó el pulso y no lo encontró nada alterado. El ruido extraño continuaba, al mismo tiempo que se oía claramente el sonar de unos pasos. El señor Otis se puso las zapatillas, tomó un frasquito alargado de su tocador y abrió la puerta. Y vio frente a él, en el pálido claro de luna, a un viejo de aspecto terrible. Sus ojos parecían carbones encendidos. Una larga cabellera gris caía en mechones revueltos sobre sus hombros. Sus ropas, de corte anticuado, estaban manchadas y en jirones. De sus muñecas y de sus tobillos colgaban unas pesadas cadenas y unos grilletes herrumbrosos.

-Mi distinguido señor -dijo el señor Otis-, permítame que le ruegue vivamente que engrase esas cadenas. Le he traído para ello una botella de “Engrasador Tammany-Sol-Levante”. Dicen que una sola untura es eficacísima, y en la etiqueta hay varios certificados de nuestros agoreros nativos más ilustres, que dan fe de ello. Voy a dejársela aquí, al lado de las mecedoras, y tendré un verdadero placer en proporcionarle más, si así lo desea.

Dicho lo cual, el ministro de los Estados Unidos dejó el frasquito sobre una mesa de mármol, cerró la puerta y se volvió a meter en la cama.

El fantasma de Canterville permaneció algunos minutos inmóvil de indignación. Después tiró, lleno de rabia, el frasquito contra el suelo encerado y huyó por el corredor, lanzando gruñidos cavernosos y despidiendo una extraña luz verde. Sin embargo, cuando llegaba a la gran escalera de roble, se abrió de repente una puerta. Aparecieron dos siluetas infantiles, vestidas de blanco, y una voluminosa almohada le rozó la cabeza. Evidentemente, no había tiempo que perder; así es que, utilizando como medio de fuga la cuarta dimensión del espacio, se desvaneció a través del estuco, y la casa recobró su tranquilidad.

Llegado a un cuartito secreto del ala izquierda, se adosó a un rayo de luna para tomar aliento, y se puso a reflexionar para darse cuenta de su situación. Jamás en toda su brillante carrera, que duraba ya trescientos años seguidos, fue injuriado tan groseramente. Se acordó de la duquesa viuda, en quien provocó una crisis de terror, estando mirándose al espejo, cubierta de brillantes y de encajes; de las cuatro doncellas a quienes había enloquecido, produciéndoles convulsiones histéricas, sólo con hacerles visajes entre las cortinas de una de las habitaciones destinadas a invitados; del rector de la parroquia, cuya vela apagó de un soplo cuando volvía el buen señor de la biblioteca a una hora avanzada, y que desde entonces se convirtió en mártir de toda clase de alteraciones nerviosas; de la vieja señora de Tremouillac, que, al despertarse a medianoche, lo vio sentado en un sillón, al lado de la lumbre, en forma de esqueleto, entretenido en leer el diario que redactaba ella de su vida, y que de resultas de la impresión tuvo que guardar cama durante seis meses, víctima de un ataque cerebral. Una vez curada se reconcilió con la iglesia y rompió toda clase de relaciones con el señalado escéptico monsieur de Voltaire. Recordó igualmente la noche terrible en que el bribón de lord Canterville fue hallado agonizante en su tocador, con una sota de espadas hundida en la garganta, viéndose obligado a confesar que por medio de aquella carta había timado la suma de diez mil libras a Carlos Fos, en casa de Grookford. Y juraba que aquella carta se la hizo tragar el fantasma. Todas sus grandes hazañas le volvían a la mente. Vio desfilar al mayordomo que se levantó la tapa de los sesos por haber visto una mano verde tamborilear sobre los cristales, y la bella lady Steefield, condenada a llevar alrededor del cuello un collar de terciopelo negro para tapar la señal de cinco dedos, impresos como un hierro candente sobre su blanca piel, y que terminó por ahogarse en el vivero que había al extremo de la Avenida Real. Y, lleno del entusiasmo ególatra del verdadero artista, pasó revista a sus creaciones más célebres. Se dedicó una amarga sonrisa al evocar su última aparición en el papel de “Rubén el Rojo”, o “el rorro estrangulado”, su “debut” en el “Gibeén, el Vampiro flaco del páramo de Bevley”, y el furor que causó una tarde encantadora de junio sólo con jugar a los bolos con sus propios huesos sobre el campo de hierba de “lawn-tennis”.

¿Y todo para qué? ¡Para que unos miserables norteamericanos le ofreciesen el engrasador marca “Sol-Levante” y le tirasen almohadas a la cabeza! Era realmente intolerable. Además, la historia nos enseña que jamás fue tratado ningún fantasma de aquella manera. Llegó a la conclusión de que era preciso tomarse la revancha, y permaneció hasta el amanecer en actitud de profunda meditación.

Cuando a la mañana siguiente el almuerzo reunió a la familia Otis, se discutió extensamente acerca del fantasma. El ministro de los Estados Unidos estaba, como era natural, un poco ofendido viendo que su ofrecimiento no había sido aceptado.

-No quisiera en modo alguno injuriar personalmente al fantasma -dijo-, y reconozco que, dada la larga duración de su estancia en la casa, no era nada cortés tirarle una almohada a la cabeza…

Siento tener que decir que esta observación tan justa provocó una explosión de risa en los gemelos.

-Pero, por otro lado -prosiguió el señor Otis-, si se empeña, sin más ni más, en no hacer uso del engrasador marca “Sol-Levante”, nos veremos precisados a quitarle las cadenas. No habría manera de dormir con todo ese ruido a la puerta de las alcobas.

Pero, sin embargo, en el resto de la semana no fueron molestados. Lo único que les llamó la atención fue la reaparición continua de la mancha de sangre sobre el parqué de la biblioteca. Era realmente muy extraño, tanto más cuanto que el señor Otis cerraba la puerta con llave por la noche, igual que las ventanas. Los cambios de color que sufría la mancha, comparables a los de un camaleón, produjeron asimismo frecuentes comentarios en la familia. Una mañana era de un rojo oscuro, casi violáceo; otras veces era bermellón; luego, de un púrpura espléndido, y un día, cuando bajaron a rezar, según los ritos sencillos de la libre iglesia episcopal reformada de Norteamérica, la encontraron de un hermoso verde esmeralda. Como era natural, estos cambios caleidoscópicos divirtieron grandemente a la reunión y se hacían apuestas todas las noches con entera tranquilidad. La única persona que no tomó parte en la broma fue la joven Virginia. Por razones ignoradas, sentíase siempre impresionada ante la mancha de sangre, y estuvo a punto de llorar la mañana que apareció verde esmeralda.

El fantasma hizo su segunda aparición el domingo por la noche. Al poco tiempo de estar todos ellos acostados, les alarmó un enorme estrépito que se oyó en el salón. Bajaron apresuradamente, y se encontraron con que una armadura completa se había desprendido de su soporte y caído sobre las losas. Cerca de allí, sentado en un sillón de alto respaldo, el fantasma de Canterville se restregaba las rodillas, con una expresión de agudo dolor sobre su rostro. Los gemelos, que se habían provisto de sus hondas, le lanzaron inmediatamente dos balines, con esa seguridad de puntería que sólo se adquiere a fuerza de largos y pacientes ejercicios sobre el profesor de caligrafía. Mientras tanto, el ministro de los Estados Unidos mantenía al fantasma bajo la amenaza de su revólver, y, conforme a la etiqueta californiana, lo instaba a levantar los brazos. El fantasma se alzó bruscamente, lanzando un grito de furor salvaje, y se disipó en medio de ellos, como una niebla, apagando de paso la vela de Washington Otis y dejándolos a todos en la mayor oscuridad. Cuando llegó a lo alto de la escalera, una vez dueño de sí, se decidió a lanzar su célebre repique de carcajadas satánicas, que en más de una ocasión le habían sido muy útiles. Contaba la gente que aquello hizo encanecer en una sola noche el peluquín de lord Raker. Y que tres sucesivas amas de llaves renunciaron antes de terminar el primer mes en su cargo. Por consiguiente, lanzó su carcajada más horrible, despertando paulatinamente los ecos en las antiguas bóvedas; pero, apagados éstos, se abrió una puerta y apareció, vestida de azul claro, la señora Otis.

-Me temo -dijo la dama- que esté usted indispuesto, y aquí le traigo un frasco de la tintura del doctor Dobell. Si se trata de una indigestión, esto le sentará bien.

El fantasma la miró con ojos llameantes de furor y se creyó en el deber de metamorfosearse en un gran perro negro. Era un truco que le había dado una reputación merecidísima, y al cual atribuía la idiotez incurable del tío de lord Canterville, el honorable Tomás Horton. Pero un ruido de pasos que se acercaban le hizo vacilar en su cruel determinación, y se contentó con volverse un poco fosforescente. En seguida se desvaneció, después de lanzar un gemido sepulcral, porque los gemelos iban a darle alcance.

Una vez en su habitación se sintió destrozado, presa de la agitación más violenta. La ordinariez de los gemelos, el grosero materialismo de la señora Otis, todo aquello resultaba realmente vejatorio; pero lo que más lo humillaba era no tener ya fuerzas para llevar una armadura. Contaba con hacer impresión aun en esos norteamericanos modernos, con hacerles estremecer a la vista de un espectro acorazado, ya que no por motivos razonables, al menos por deferencia hacia su poeta nacional Longfellow, cuyas poesías, delicadas y atrayentes, le habían ayudado con frecuencia a matar el tiempo, mientras los Canterville estaban en Londres. Además, era su propia armadura. La llevó con éxito en el torneo de Kenilworth, siendo felicitado calurosamente por la Reina-Virgen en persona. Pero cuando quiso ponérsela quedó aplastado por completo por el peso de la enorme coraza y del yelmo de acero. Y se desplomó pesadamente sobre las losas de piedra, despellejándose las rodillas y contusionándose la muñeca derecha.

Durante varios días estuvo malísimo y no pudo salir de su morada más que lo necesario para mantener en buen estado la mancha de sangre. No obstante lo cual, a fuerza de cuidados acabó por restablecerse y decidió hacer una tercera tentativa para aterrorizar al ministro de los Estados Unidos y a su familia. Eligió para su reaparición en escena el viernes 17 de agosto, consagrando gran parte del día a pasar revista a sus trajes. Su elección recayó al fin en un sombrero de ala levantada por un lado y caída del otro, con una pluma roja; en un sudario deshilachado por las mangas y el cuello y, por último, en un puñal mohoso. Al atardecer estalló una gran tormenta. El viento era tan fuerte que sacudía y cerraba violentamente las puertas y ventanas de la vetusta casa. Realmente aquél era el tiempo que le convenía. He aquí lo que pensaba hacer: Iría sigilosamente a la habitación de Washington Otis, le musitaría unas frases ininteligibles, quedándose al pie de la cama, y le hundiría tres veces seguidas el puñal en la garganta, a los sones de una música apagada. Odiaba sobre todo a Washington, porque sabía perfectamente que era él quien acostumbraba quitar la famosa mancha de sangre de Canterville, empleando el “limpiador incomparable de Pinkerton”. Después de reducir al temerario, al despreocupado joven, entraría en la habitación que ocupaba el ministro de los Estados Unidos y su mujer. Una vez allí, colocaría una mano viscosa sobre la frente de la señora Otis, y al mismo tiempo murmuraría, con voz sorda, al oído del ministro tembloroso, los secretos terribles del osario. En cuanto a la pequeña Virginia, aún no tenía decidido nada. No lo había insultado nunca. Era bonita y cariñosa. Unos cuantos gruñidos sordos, que saliesen del armario, le parecían más que suficientes, y si no bastaban para despertarla, llegaría hasta tirarle de la puntita de la nariz con sus dedos rígidos por la parálisis. A los gemelos estaba resuelto a darles una lección: lo primero que haría sería sentarse sobre sus pechos, con el objeto de producirles la sensación de pesadilla. Luego, aprovechando que sus camas estaban muy juntas, se alzaría en el espacio libre entre ellas, con el aspecto de un cadáver verde y frío como el hielo, hasta que se quedaran paralizados de terror. En seguida, tirando bruscamente su sudario, daría la vuelta al dormitorio en cuatro patas, como un esqueleto blanqueado por el tiempo, moviendo los ojos de sus órbitas, en su creación de “Daniel el Mudo, o el esqueleto del suicida”, papel en el cual hizo un gran efecto en varias ocasiones. Creía estar tan bien en éste como en su otro papel de “Martín el Demente o el misterio enmascarado”.

A las diez y media oyó subir a la familia a acostarse. Durante algunos instantes lo inquietaron las tumultuosas carcajadas de los gemelos, que se divertían evidentemente, con su loca alegría de colegiales, antes de meterse en la cama. Pero a las once y cuarto todo quedó nuevamente en silencio, y cuando sonaron las doce se puso en camino. La lechuza chocaba contra los cristales de la ventana. El cuervo crascitaba en el hueco de un tejo centenario y el viento gemía vagando alrededor de la casa, como un alma en pena; pero la familia Otis dormía, sin sospechar la suerte que le esperaba. Oía con toda claridad los ronquidos regulares del ministro de los Estados Unidos, que dominaban el ruido de la lluvia y de la tormenta. Se deslizó furtivamente a través del estuco. Una sonrisa perversa se dibujaba sobre su boca cruel y arrugada, y la luna escondió su rostro tras una nube cuando pasó delante de la gran ventana ojival, sobre la que estaban representadas, en azul y oro, sus propias armas y las de su esposa asesinada. Seguía andando siempre, deslizándose como una sombra funesta, que parecía hacer retroceder de espanto a las mismas tinieblas en su camino. En un momento dado le pareció oír que alguien lo llamaba: se detuvo, pero era tan sólo un perro, que ladraba en la Granja Roja. Prosiguió su marcha, refunfuñando extraños juramentos del siglo XVI, y blandiendo de cuando en cuando el puñal enmohecido en el aire de medianoche. Por fin llegó a la esquina del pasillo que conducía a la habitación de Washington. Allí hizo una breve parada. El viento agitaba en torno de su cabeza sus largos mechones grises y ceñía en pliegues grotescos y fantásticos el horror indecible del fúnebre sudario. Sonó entonces el cuarto en el reloj. Comprendió que había llegado el momento. Se dedicó una risotada y dio la vuelta a la esquina. Pero apenas lo hizo retrocedió, lanzando un gemido lastimero de terror y escondiendo su cara lívida entre sus largas manos huesosas. Frente a él había un horrible espectro, inmóvil como una estatua, monstruoso como la pesadilla de un loco. La cabeza del espectro era pelada y reluciente; su faz, redonda, carnosa y blanca; una risa horrorosa parecía retorcer sus rasgos en una mueca eterna; por los ojos brotaba a oleadas una luz escarlata, la boca tenía el aspecto de un ancho pozo de fuego, y una vestidura horrible, como la de él, como la del mismo Simón, envolvía con su nieve silenciosa aquella forma gigantesca. Sobre el pecho tenía colgado un cartel con una inscripción en caracteres extraños y antiguos. Quizá era un rótulo infamante, donde estaban escritos delitos espantosos, una terrible lista de crímenes. Tenía, por último, en su mano derecha una cimitarra de acero resplandeciente.

Como nunca antes había visto fantasmas, naturalmente sintió un pánico terrible, y, después de lanzar a toda prisa una segunda mirada sobre el monstruo atroz, regresó a su habitación, trompicando en el sudario que le envolvía. Cruzó la galería corriendo, y acabó por dejar caer el puñal enmohecido en las botas de montar del ministro, donde lo encontró el mayordomo al día siguiente. Una vez refugiado en su retiro, se desplomó sobre un reducido catre de tijera, tapándose la cabeza con las sábanas. Pero, al cabo de un momento, el valor indomable de los antiguos Canterville se despertó en él y tomó la resolución de hablar al otro fantasma en cuanto amaneciese. Por consiguiente, no bien el alba plateó las colinas, volvió al sitio en que había visto por primera vez al horroroso fantasma. Pensaba que, después de todo, dos fantasmas valían más que uno solo, y que con ayuda de su nuevo amigo podría contender victoriosamente con los gemelos. Pero cuando llegó al sitio se halló en presencia de un espectáculo terrible. Le sucedía algo indudablemente al espectro, porque la luz había desaparecido por completo de sus órbitas. La cimitarra centelleante se había caído de su mano y estaba recostado sobre la pared en una actitud forzada e incómoda. Simón se precipitó hacia delante y lo cogió en sus brazos; pero cuál no sería su terror viendo despegarse la cabeza y rodar por el suelo, mientras el cuerpo tomaba la posición supina, y notó que abrazaba una cortina blanca de lienzo grueso y que yacían a sus pies una escoba, un machete de cocina y una calabaza vacía. Sin poder comprender aquella curiosa transformación, cogió con mano febril el cartel, leyendo a la claridad grisácea de la mañana estas palabras terribles:

He aquí al fantasma Otis El único espíritu auténtico y verdadero Desconfíen de las imitaciones Todos los demás son falsificaciones

Y la entera verdad se le apareció como un relámpago. ¡Había sido burlado, chasqueado, engañado! La expresión característica de los Canterville reapareció en sus ojos, apretó las mandíbulas desdentadas y, levantando por encima de su cabeza sus manos amarillas, juró, según el ritual pintoresco de la antigua escuela, “que cuando el gallo tocara por dos veces el cuerno de su alegre llamada se consumarían sangrientas hazañas, y el crimen, de callado paso, saldría de su retiro”.

No había terminado de formular este juramento terrible, cuando de una alquería lejana, de tejado de ladrillo rojo, salió el canto de un gallo. Lanzó una larga risotada, lenta y amarga, y esperó. Esperó una hora, y después otra; pero por alguna razón misteriosa no volvió a cantar el gallo. Por fin, a eso de las siete y media, la llegada de las criadas lo obligó a abandonar su terrible guardia y regresó a su morada, con altivo paso, pensando en su juramento vano y en su vano proyecto fracasado. Una vez allí consultó varios libros de caballería, cuya lectura le interesaba extraordinariamente, y pudo comprobar que el gallo cantó siempre dos veces en cuantas ocasiones se recurrió a aquel juramento.

-¡Que el diablo se lleve a ese animal volátil! -murmuró-. ¡En otro tiempo hubiese caído sobre él con mi buena lanza, atravesándole el cuello y obligándolo a cantar otra vez para mí, aunque reventara!

Y dicho esto se retiró a su confortable caja de plomo, y allí permaneció hasta la noche.

Al día siguiente el fantasma se sintió muy débil y cansado. Las terribles emociones de las cuatro últimas semanas empezaban a producir su efecto. Tenía el sistema nervioso completamente alterado, y temblaba al más ligero ruido. No salió de su habitación en cinco días, y concluyó por hacer una concesión en lo relativo a la mancha de sangre del parqué de la biblioteca. Puesto que la familia Otis no quería verla, era indudable que no la merecía. Aquella gente estaba colocada a ojos vistas en un plano inferior de vida material y era incapaz de apreciar el valor simbólico de los fenómenos sensibles. La cuestión de las apariciones de fantasmas y el desenvolvimiento de los cuerpos astrales era realmente para ellos cosa desconocida e indiscutiblemente fuera de su alcance. Pero, por lo menos, constituía para él un deber ineludible mostrarse en el corredor una vez a la semana y farfullar por la gran ventana ojival el primero y el tercer miércoles de cada mes. No veía ningún medio digno de sustraerse a aquella obligación. Verdad es que su vida fue muy criminal; pero, quitado eso, era hombre muy concienzudo en todo cuanto se relacionaba con lo sobrenatural. Así, pues, los tres sábados siguientes atravesó, como de costumbre, el corredor entre doce de la noche y tres de la madrugada, tomando todas las precauciones posibles para no ser visto ni oído. Se quitaba las botas, pisaba lo más ligeramente que podía sobre las viejas maderas carcomidas, se envolvía en una gran capa de terciopelo negro, y no dejaba de usar el engrasador “Sol-Levante” para sus cadenas. Me veo precisado a reconocer que sólo después de muchas vacilaciones se decidió a adoptar este último medio de protección. Pero, al fin, una noche, mientras cenaba la familia, se deslizó en el dormitorio de la señora Otis y se llevó el frasquito. Al principio se sintió un poco humillado, pero después fue suficientemente razonable para comprender que aquel invento merecía grandes elogios y cooperaba, en cierto modo, a la realización de sus proyectos. A pesar de todo, no se vio libre de problemas. No dejaban nunca de tenderle cuerdas de lado a lado del corredor para hacerlo tropezar en la oscuridad, y una vez que se había disfrazado para el papel de “Isaac el Negro o el cazador del bosque de Hogsley”, cayó cuan largo era al poner el pie sobre una pista de maderas enjabonadas que habían colocado los gemelos desde el umbral del salón de Tapices hasta la parte alta de la escalera de roble. Esta última afrenta le dio tal rabia, que decidió hacer un esfuerzo para imponer su dignidad y consolidar su posición social, y formó el proyecto de visitar a la noche siguiente a los insolentes chicos de Eton, en su célebre papel de “Ruperto el Temerario o el conde sin cabeza”.

No se había mostrado con aquel disfraz desde hacía sesenta años, es decir, desde que causó con él tal pavor a la bella lady Bárbara Modish, que ésta retiró su consentimiento al abuelo de actual lord Canterville y se fugó a Gretna Green con el arrogante Jach Castletown, jurando que por nada del mundo consentiría en emparentar con una familia que toleraba los paseos de un fantasma tan horrible por la terraza, al atardecer. El pobre Jack fue al poco tiempo muerto en duelo por lord Canterville en la pradera de Wandsworth, y lady Bárbara murió de pena en Tumbridge Wells antes de terminar el año; así es que fue un gran éxito en todos los sentidos. Sin embargo, era, permitiéndome emplear un término de argot teatral para aplicarlo a uno de los mayores misterios del mundo sobrenatural (o en lenguaje más científico), “del mundo superior a la Naturaleza”, era, repito, una creación de las más difíciles, y necesitó sus tres buenas horas para terminar los preparativos. Por fin, todo estuvo listo, y él contentísimo de su disfraz. Las grandes botas de montar, que hacían juego con el traje, eran, eso sí, un poco holgadas para él, y no pudo encontrar más que una de las dos pistolas del arzón; pero, en general, quedó satisfechísimo, y a la una y cuarto pasó a través del estuco y bajó al corredor. Cuando estuvo cerca de la habitación ocupada por los gemelos, a la que llamaré el dormitorio azul, por el color de sus cortinajes, se encontró con la puerta entreabierta. A fin de hacer una entrada sensacional, la empujó con violencia, pero se le vino encima una jarra de agua que le empapó hasta los huesos, no dándole en el hombro por unos milímetros. Al mismo tiempo oyó unas risas sofocadas que partían de la doble cama con dosel. Su sistema nervioso sufrió tal conmoción, que regresó a sus habitaciones a todo escape, y al día siguiente tuvo que permanecer en cama con un fuerte reuma. El único consuelo que tuvo fue el de no haber llevado su cabeza sobre los hombros, pues sin esto las consecuencias hubieran podido ser más graves.

Desde entonces renunció para siempre a espantar a aquella recia familia de norteamericanos, y se limitó a vagar por el corredor, con zapatillas de orillo, envuelto el cuello en una gruesa bufanda, por temor a las corrientes de aire, y provisto de un pequeño arcabuz, para el caso en que fuese atacado por los gemelos. Hacia el 19 de septiembre fue cuando recibió el golpe de gracia. Había bajado por la escalera hasta el espacioso salón, seguro de que en aquel sitio por lo menos estaba a cubierto de jugarretas, y se entretenía en hacer observaciones satíricas sobre las grandes fotografías del ministro de los Estados Unidos y de su mujer, hechas en casa de Sarow. Iba vestido sencilla pero decentemente, con un largo sudario salpicado de moho de cementerio. Se había atado la quijada con una tira de tela y llevaba una linternita y una azadón de sepulturero. En una palabra, iba disfrazado de “Jonás el Desenterrador, o el ladrón de cadáveres de Cherstey Barn”. Era una de sus creaciones más notables y de las que guardaban recuerdo, con más motivo, los Canterville, ya que fue la verdadera causa de su riña con lord Rufford, vecino suyo. Serían próximamente las dos y cuarto de la madrugada, y, a su juicio, no se movía nadie en la casa. Pero cuando se dirigía tranquilamente en dirección a la biblioteca, para ver lo que quedaba de la mancha de sangre, se abalanzaron hacia él, desde un rincón sombrío, dos siluetas, agitando locamente sus brazos sobre sus cabezas, mientras gritaban a su oído:

Lleno de pánico, cosa muy natural en aquellas circunstancias, se precipitó hacia la escalera, pero entonces se encontró frente a Washington Otis, que lo esperaba armado con la regadera del jardín; de tal modo que, cercado por sus enemigos, casi acorralado, tuvo que evaporarse en la gran estufa de hierro colado, que, afortunadamente para él, no estaba encendida, y abrirse paso hasta sus habitaciones por entre tubos y chimeneas, llegando a su refugio en el tremendo estado en que lo pusieron la agitación, el hollín y la desesperación.

Desde aquella noche no volvió a vérsele nunca de expedición nocturna. Los gemelos se quedaron muchas veces en acecho para sorprenderlo, sembrando de cáscara de nuez los corredores todas las noches, con gran molestia de sus padres y criados. Pero fue inútil. Su amor propio estaba profundamente herido, sin duda, y no quería mostrarse. En vista de ello, el señor Otis se puso a trabajar en su gran obra sobre la historia del partido demócrata, obra que había empezado tres años antes. La señora Otis organizó una extraordinaria horneada de almejas, de la que se habló en toda la comarca. Los niños se dedicaron a jugar a la barra, al ecarté, al póquer y a otras diversiones nacionales de Estados Unidos. Virginia dio paseos a caballo por las carreteras, en compañía del duquesito de Cheshire, que se hallaba en Canterville pasando su última semana de vacaciones. Todo el mundo se figuraba que el fantasma había desaparecido, hasta el punto de que el señor Otis escribió una carta a lord Canterville para comunicárselo, y recibió en contestación otra carta en la que éste le testimoniaba el placer que le producía la noticia y enviaba sus más sinceras felicitaciones a la digna esposa del ministro.

Pero los Otis se equivocaban. El fantasma seguía en la casa, y, aunque se hallaba muy delicado, no estaba dispuesto a retirarse, sobre todo después de saber que figuraba entre los invitados el duquesito de Cheshire, cuyo tío, lord Francis Stilton, apostó una vez con el coronel Carbury a que jugaría a los dados con el fantasma de Canterville. A la mañana siguiente encontraron a lord Stilton tendido sobre el suelo del salón de juego en un estado de parálisis tal que, a pesar de la edad avanzada que alcanzó, no pudo ya nunca pronunciar más palabras que éstas:

-¡Doble seis!

Esta historia era muy conocida en un tiempo, aunque, en atención a los sentimientos de dos familias nobles, se hiciera todo lo posible por ocultarla, y existe un relato detallado de todo lo referente a ella en el tomo tercero de las Memorias de lord Tattle sobre el príncipe Regente y sus amigos. Desde entonces, el fantasma deseaba vivamente probar que no había perdido su influencia sobre los Stilton, con los que además estaba emparentado por matrimonio, pues una prima suya se casó en segundas nupcias con el señor Bulkeley, del que descienden en línea directa, como todo el mundo sabe, los duques de Cheshire. Por consiguiente, hizo sus preparativos para mostrarse al pequeño enamorado de Virginia en su famoso papel de “Fraile vampiro, o el benedictino desangrado”. Era un espectáculo espantoso, que cuando la vieja lady Starbury se lo vio representar, es decir en víspera del Año Nuevo de 1764, empezó a lanzar chillidos agudos, que tuvieron por resultado un fuerte ataque de apoplejía y su fallecimiento al cabo de tres días, no sin que desheredara antes a los Canterville y legase todo su dinero a su farmacéutico en Londres. Pero, a última hora, el terror que le inspiraban los gemelos lo retuvo en su habitación, y el duquesito durmió tranquilo en el gran lecho con dosel coronado de plumas del dormitorio real, soñando con Virginia.

Virginia y su adorador de cabello rizado dieron, unos días después, un paseo a caballo por los prados de Brockley, paseo en el que ella desgarró su vestido de amazona al saltar un seto, de tal manera que, de vuelta a su casa, entró por la escalera de atrás para que no la viesen. Al pasar corriendo por delante de la puerta del salón de Tapices, que estaba abierta de par en par, le pareció ver a alguien dentro. Pensó que sería la doncella de su madre, que iba con frecuencia a trabajar a esa habitación. Asomó la cabeza para encargarle que le cosiese el vestido. ¡Pero, con gran sorpresa suya, quien allí estaba era el fantasma de Canterville en persona! Se había acomodado ante la ventana, contemplando el oro llameante de los árboles amarillentos que revoloteaban por el aire, las hojas enrojecidas que bailaban locamente a lo largo de la gran avenida. Tenía la cabeza apoyada en una mano, y toda su actitud revelaba el desaliento más profundo. Realmente presentaba un aspecto tan abrumado, tan abatido, que la pequeña Virginia, en vez de ceder a su primer impulso, que fue echar a correr y encerrarse en su cuarto, se sintió llena de compasión y tomó el partido de ir a consolarlo. Tenía la muchacha un paso tan ligero y él una melancolía tan honda, que no se dio cuenta de su presencia hasta que le habló.

-Lo he sentido mucho por usted -dijo-, pero mis hermanos regresan mañana a Eton, y entonces, si se porta usted bien, nadie lo atormentará.

-Es inconcebible pedirme que me porte bien -le respondió, contemplando estupefacto a la jovencita que tenía la audacia de dirigirle la palabra-. Perfectamente inconcebible. Es necesario que yo sacuda mis cadenas, que gruña por los agujeros de las cerraduras y que corretee de noche. ¿Eso es lo que usted llama portarse mal? No tengo otra razón de ser.

-Esa no es una razón de ser. En sus tiempos fue usted muy malo ¿sabe? La señora Umney nos dijo el día que llegamos que usted mató a su esposa.

-Sí, lo reconozco -respondió incautamente el fantasma-. Pero era un asunto de familia y nadie tenía que meterse.

-Está muy mal matar a nadie -dijo Virginia, que a veces adoptaba un bonito gesto de gravedad puritana, heredado quizás de algún antepasado venido de Nueva Inglaterra.

-¡Oh, no puedo sufrir la severidad barata de la moral abstracta! Mi mujer era feísima. No almidonaba nunca lo bastante mis puños y no sabía nada de cocina. Mire usted: un día había yo cazado un soberbio ciervo en los bosques de Hogsley, un hermoso macho de dos años. ¡Pues no puede usted figurarse cómo me lo sirvió! Pero, en fin, dejemos eso. Es asunto liquidado, y no encuentro nada bien que sus hermanos me dejasen morir de hambre, aunque yo la matase.

-¡Que lo dejaran morir de hambre! ¡Oh señor fantasma…! Don Simón, quiero decir, ¿es que tiene usted hambre? Hay un sándwich en mi costurero. ¿Le gustaría?

-No, gracias, ahora ya no como; pero, de todos modos, lo encuentro amabilísimo por su parte. ¡Es usted bastante más atenta que el resto de su horrible, arisca, ordinaria y ladrona familia!

-¡Basta! -exclamó Virginia, dando con el pie en el suelo-. El arisco, el horrible y el ordinario es usted. En cuanto a lo de ladrón, bien sabe usted que me ha robado mis colores de la caja de pinturas para restaurar esa ridícula mancha de sangre en la biblioteca. Empezó usted por coger todos mis rojos, incluso el bermellón, imposibilitándome para pintar puestas de sol. Después agarró usted el verde esmeralda y el amarillo cromo. Y, finalmente, sólo me queda el añil y el blanco. Así es que ahora no puedo hacer más que claros de luna, que da grima ver, e incomodísimos, además, de colorear. Y no le he acusado, aún estando fastidiada y a pesar de que todas esa cosas son completamente ridículas. ¿Se ha visto alguna vez sangre color verde esmeralda…?

-Vamos a ver -dijo el fantasma, con cierta dulzura-: ¿y qué iba yo a hacer? Es dificilísimo en los tiempos actuales agenciarse sangre de verdad, y ya que su hermano empezó con su quitamanchas incomparable, no veo por qué no iba yo a emplear los colores de usted para resistir. En cuanto al tono, es cuestión de gusto. Así, por ejemplo, los Canterville tienen sangre azul, la sangre más azul que existe en Inglaterra… Aunque ya sé que vosotros los norteamericanos no hacen el menor caso de esas cosas.

-No sabe usted nada, y lo mejor que puede hacer es emigrar, y así se formará idea de algo. Mi padre tendrá un verdadero gusto en proporcionarle un pasaje gratuito, y aunque haya fuertes impuestos sobre los espíritus, no le pondrán dificultades en la Aduana. Y una vez en Nueva York, puede usted contar con un gran éxito. Conozco infinidad de personas que darían cien mil dólares por tener antepasados y que sacrificarían mayor cantidad aún por tener un fantasma para la familia.

-Creo que no me divertiría mucho en Estados Unidos.

-Quizás se deba a que allí no tenemos ni ruinas ni curiosidades -dijo burlonamente Virginia.

-¡Qué curiosidades ni qué ruinas! -contestó el fantasma-. Tenéis vosotros su Marina y sus modales.

-Buenas noches; voy a pedir a papá que conceda a los gemelos una semana más de vacaciones.

-¡No se vaya, señorita Virginia, se lo suplico! -exclamó el fantasma-. Estoy tan solo y soy tan desgraciado, que no sé qué hacer. Quisiera ir a acostarme y no puedo.

-Pues es inconcebible: no tiene usted más que meterse en la cama y apagar la luz. Algunas veces es dificilísimo permanecer despierto, sobre todo en una iglesia, pero, en cambio, dormir es muy sencillo. Ya ve usted: los gemelos saben dormir admirablemente, y no son de los más listos.

-Hace trescientos años que no duermo -dijo el anciano tristemente, haciendo que Virginia abriese mucho sus hermosos ojos azules, llenos de asombro-. Hace ya trescientos años que no duermo, así es que me siento cansadísimo.

Virginia adoptó un grave continente, y sus finos labios se movieron como pétalos de rosa. Se acercó y arrodilló al lado del fantasma, contempló su rostro envejecido y arrugado.

-Pobrecito fantasma -profirió a media voz-, ¿y no hay ningún sitio donde pueda usted dormir?

-Allá lejos, pasando el pinar -respondió él en voz baja y soñadora-, hay un jardincito. La hierba crece en él alta y espesa; allí pueden verse las grandes estrellas blancas de la cicuta, allí el ruiseñor canta toda la noche. Canta toda la noche, y la luna de cristal helado deja caer su mirada y el tejo extiende sus brazos de gigante sobre los durmientes.

Los ojos de Virginia se empañaron de lágrimas y sepultó la cara entre sus manos.

-Se refiere usted al jardín de la Muerte -murmuró.

-Sí, de la muerte. Debe ser hermosa. Descansar en la blanda tierra oscura, mientras las hierbas se balancean encima de nuestra cabeza, y escuchar el silencio. No tener ni ayer ni mañana. Olvidarse del tiempo y de la vida; morar en paz. Usted puede ayudarme; usted puede abrirme de par en par las puertas de la muerte, porque el amor la acompaña a usted siempre, y el amor es más fuerte que la muerte.

Virginia tembló. Un estremecimiento helado recorrió todo su ser, y durante unos instantes hubo un gran silencio. Le parecía vivir un sueño terrible. Entonces el fantasma habló de nuevo con una voz que resonaba como los suspiros del viento:

-¿Ha leído usted alguna vez la antigua profecía que hay sobre las vidrieras de la biblioteca?

-¡Oh, muchas veces! -exclamó la muchacha levantando los ojos-. La conozco muy bien. Está pintada con unas curiosas letras doradas y se lee con dificultad. No tiene más que éstos seis versos:

“Cuando una joven rubia logre hacer brotar “una oración de los labios del pecador, “cuando el almendro estéril dé fruto “y una niña deje correr su llanto, “entonces, toda la casa recobrará la tranquilidad “y volverá la paz a Canterville. “Pero no sé lo que significan”.

-Significan que tiene usted que llorar conmigo mis pecados, porque no tengo lágrimas, y que tiene usted que rezar conmigo por mi alma, porque no tengo fe, y entonces, si ha sido usted siempre dulce, buena y cariñosa, el ángel de la muerte se apoderará de mí. Verá usted seres terribles en las tinieblas y voces funestas murmurarán en sus oídos, pero no podrán hacerle ningún daño, porque contra la pureza de una niña no pueden nada las potencias infernales.

Virginia no contestó, y el fantasma se retorcía las manos en la violencia de su desesperación, sin dejar de mirar la rubia cabeza inclinada. De pronto se irguió la joven, muy pálida, con un fulgor en los ojos.

-No tengo miedo -dijo con voz firme – y rogaré al ángel que se apiade de usted. Se levantó el fantasma de su asiento lanzando un débil grito de alegría, cogió la blonda cabeza entre sus manos, con una gentileza que recordaba los tiempos pasados, y la besó. Sus dedos estaban fríos como hielo y sus labios abrasaban como el fuego, pero Virginia no flaqueó; el fantasma la guió a través de la estancia sombría. Sobre un tapiz, de un verde apagado, estaban bordados unos pequeños cazadores. Soplaban en sus cuernos adornados de flecos y con sus lindas manos le hacían gestos de que retrocediese.

-Vuelve sobre tus pasos, Virginia. ¡Vete, vete! -gritaban.

Pero el fantasma le apretaba en aquel momento la mano con más fuerza, y ella cerró los ojos para no verlos. Horribles animales de colas de lagarto y de ojazos saltones parpadearon maliciosamente en las esquinas de la chimenea, mientras le decían en voz baja:

-Ten cuidado, Virginia, ten cuidado. Podríamos no volver a verte.

Pero el fantasma apresuró el paso y Virginia no oyó nada. Cuando llegaron al extremo de la estancia el viejo se detuvo, murmurando unas palabras que ella no comprendió. Volvió Virginia a abrir los ojos y vio disiparse el muro lentamente, como una neblina, y abrirse ante ella una negra caverna. Un áspero y helado viento los azotó, sintiendo la muchacha que le tiraban del vestido.

-De prisa, de prisa -gritó el fantasma-, o será demasiado tarde.

Y en el mismo momento el muro se cerró de nuevo detrás de ellos y el salón de Tapices quedó desierto.

Unos diez minutos después sonó la campana para el té y Virginia no bajó. La señora Otis envió a uno de los criados a buscarla. No tardó en volver, diciendo que no había podido descubrir a la señorita Virginia por ninguna parte. Como la muchacha tenía la costumbre de ir todas las tardes al jardín a recoger flores para la cena, la señora Otis no se inquietó en lo más mínimo. Pero sonaron las seis y Virginia no aparecía. Entonces su madre se sintió seriamente intranquila y envió a sus hijos en su busca, mientras ella y su marido recorrían todas las habitaciones de la casa. A las seis y media volvieron los gemelos, diciendo que no habían encontrado huellas de su hermana por ninguna parte. Entonces se conmovieron todos extraordinariamente, y nadie sabía qué hacer, cuando el señor Otis recordó de repente que pocos días antes habían permitido acampar en el parque a una tribu de gitanos. Así es que salió inmediatamente para Blackfell-Hollow, acompañado de su hijo mayor y de dos de sus criados de la granja. El duquesito de Cheshire, completamente loco de inquietud, rogó con insistencia a el señor Otis que lo dejase acompañarlo, mas éste se negó temiendo algún jaleo. Pero cuando llegó al sitio en cuestión vio que los gitanos se habían marchado. Se dieron prisa a huir, sin duda alguna, pues el fuego ardía todavía y quedaban platos sobre la hierba. Después de mandar a Washington y a los dos hombres que registrasen los alrededores, se apresuró a regresar y envió telegramas a todos los inspectores de Policía del condado, rogándoles que buscasen a una joven raptada por unos vagabundos o gitanos. Luego hizo que le trajeran su caballo, y después de insistir para que su mujer y sus tres hijos se sentaran a la mesa, partió con un criado por el camino de Ascot. Había recorrido apenas dos millas, cuando oyó un galope a su espalda. Se volvió, viendo al duquesito que llegaba en su caballito, con la cara sofocada y la cabeza descubierta.

-Lo siento muchísimo, señor Otis -le dijo el joven con voz entrecortada-, pero me es imposible comer mientras Virginia no aparezca. Se lo ruego: no se enfade conmigo. Si nos hubiera permitido casarnos el año último, no habría pasado esto nunca. No me rechaza usted, ¿verdad? ¡No puedo ni quiero irme!

El ministro no pudo menos que dirigir una sonrisa a aquel mozo guapo y atolondrado, conmovidísimo ante la abnegación que mostraba por Virginia. Inclinándose sobre su caballo, le acarició los hombros bondadosamente, y le dijo:

-Pues bien, Cecil: ya que insiste usted en venir, no me queda más remedio que admitirle en mi compañía; pero, eso sí, tengo que comprarle un sombrero en Ascot.

-¡Al diablo sombreros! ¡Lo que quiero es Virginia! -exclamó el duquesito, riendo.

Y acto seguido galoparon hasta la estación. Una vez allí, el señor Otis preguntó al jefe si no habían visto en el andén de salida a una joven cuyas señas correspondiesen con las de Virginia, pero no averiguó nada sobre ella. No obstante lo cual, el jefe de la estación expidió telegramas a las estaciones del trayecto, ascendentes y descendentes, y le prometió ejercer una vigilancia minuciosa. En seguida, después de comprar un sombrero para el duquesito en una tienda de novedades que se disponía a cerrar, el señor Otis cabalgó hasta Bexley, pueblo situado cuatro millas más allá, y que, según le dijeron, era muy frecuentado por los gitanos. Hicieron levantarse al guardia rural, pero no pudieron conseguir ningún dato de él. Así es que, después de atravesar la plaza, los dos jinetes tomaron otra vez el camino de casa, llegando a Canterville a eso de las once, rendidos de cansancio y con el corazón desgarrado por la inquietud. Se encontraron allí con Washington y los gemelos, esperándolos a la puerta con linternas, porque la avenida estaba muy oscura. No se había descubierto la menor señal de Virginia. Los gitanos fueron alcanzados en el prado de Brockley, pero no estaba la joven entre ellos. Explicaron la prisa de su marcha diciendo que habían equivocado el día en que debía celebrarse la feria de Chorton y que el temor de llegar demasiado tarde los obligó a darse prisa. Además, parecieron desconsolados por la desaparición de Virginia, pues estaban agradecidísimos al señor Otis por haberles permitido acampar en su parque. Cuatro de ellos se quedaron atrás para tomar parte en las pesquisas. Se hizo vaciar el estanque de las carpas. Registraron la finca en todos los sentidos, pero no consiguieron nada. Era evidente que Virginia estaba perdida, al menos por aquella noche, y fue con un aire de profundo abatimiento como entraron en casa el señor Otis y los jóvenes, seguidos del criado, que llevaba de las bridas al caballo y al caballito. En el salón se encontraron con el grupo de criados, llenos de terror. La pobre señora Otis estaba tumbada sobre un sofá de la biblioteca, casi loca de espanto y de ansiedad, y la vieja ama de llaves le humedecía la frente con agua de colonia. Fue una comida tristísima. No se hablaba apenas, y hasta los mismos gemelos parecían despavoridos y consternados, pues querían mucho a su hermana. Cuando terminaron, el señor Otis, a pesar de los ruegos del duquesito, mandó que todo el mundo se acostase, ya que no podía hacer cosa alguna aquella noche; al día siguiente telegrafiaría a Scotland Yard para que pusieran inmediatamente varios detectives a su disposición. Pero he aquí que en el preciso momento en que salían del comedor sonaron las doce en el reloj de la torre. Apenas acababan de extinguirse las vibraciones de la última campanada, cuando se oyó un crujido acompañado de un grito penetrante. Un trueno formidable bamboleó la casa, una melodía, que no tenía nada de terrenal, flotó en el aire. Un lienzo de la pared se despegó bruscamente en lo alto de la escalera, y sobre el rellano, muy pálida, casi blanca, apareció Virginia, llevando en la mano un cofrecito. Inmediatamente se precipitaron todos hacia ella. La señora Otis la estrechó apasionadamente contra su corazón. El duquesito casi la ahogó con la violencia de sus besos, y los gemelos ejecutaron una danza de guerra salvaje alrededor del grupo.

-¡Ah…! ¡Hija mía! ¿Dónde te habías metido? -dijo el señor Otis, bastante enfadado, creyendo que les había querido dar una broma a todos ellos-. Cecil y yo hemos registrado toda la comarca en busca tuya, y tu madre ha estado a punto de morirse de espanto. No vuelvas a dar bromitas de ese género a nadie.

-¡Menos al fantasma, menos al fantasma! -gritaron los gemelos, continuando sus cabriolas.

-Hija mía querida, gracias a Dios que te hemos encontrado; ya no nos volveremos a separar

-murmuraba la señora Otis, besando a la muchacha, toda trémula, y acariciando sus cabellos de oro, que se desparramaban sobre sus hombros.

-Papá -dijo dulcemente Virginia-, estaba con el fantasma. Ha muerto ya. Es preciso que vayan a verlo. Fue muy malo, pero se ha arrepentido sinceramente de todo lo que había hecho, y antes de morir me ha dado este cofrecito de hermosas joyas.

Toda la familia la contempló muda y aterrada, pero ella tenía un aire muy solemne y muy serio. En seguida, dando media vuelta, los precedió a través del hueco de la pared y bajaron a un corredor secreto. Washington los seguía llevando una vela encendida, que cogió de la mesa. Por fin llegaron a una gran puerta de roble erizada de recios clavos. Virginia la tocó, y entonces la puerta giró sobre sus goznes enormes y se hallaron en una habitación estrecha y baja, con el techo abovedado, y que tenía una ventanita. Junto a una gran argolla de hierro empotrada en el muro, con la cual estaba encadenado, se veía un largo esqueleto, extendido cuan largo era sobre las losas. Parecía estirar sus dedos descarnados, como intentando llegar a un plato y a un cántaro, de forma antigua, colocados de tal forma que no pudiese alcanzarlos. El cántaro había estado lleno de agua, indudablemente, pues tenía su interior tapizado de moho verde. Sobre el plato no quedaba más que un montón de polvo. Virginia se arrodilló junto al esqueleto, y, uniendo sus manitas, se puso a rezar en silencio, mientras la familia contemplaba con asombro la horrible tragedia cuyo secreto acababa de ser revelado.

-¡Miren! -exclamó de pronto uno de los gemelos, que había ido a mirar por la ventanita, queriendo adivinar de qué lado del edificio caía aquella habitación-. ¡Miren! El antiguo almendro, que estaba seco, ha florecido. Se ven admirablemente las hojas a la luz de la luna.

-¡Dios lo ha perdonado! -dijo gravemente Virginia, levantándose. Y un magnífico resplandor parecía iluminar su rostro.

-¡Eres un ángel! -exclamó el duquesito, ciñéndole el cuello con los brazos y besándola.

Cuatro días después de estos curiosos sucesos, a eso de las once de la noche, salía un fúnebre cortejo de Canterville-House. El carro iba arrastrado por ocho caballos negros, cada uno de los cuales llevaba adornada la cabeza con un gran penacho de plumas de avestruz, que se balanceaban. La caja de plomo iba cubierta con un rico paño de púrpura, sobre el cual estaban bordadas en oro las armas de los Canterville. A cada lado del carro y de los coches marchaban los criados llevando antorchas encendidas. Toda aquella comitiva tenía un aspecto grandioso e impresionante. Lord Canterville presidía el duelo; había venido del país de Gales expresamente para asistir al entierro, y ocupaba el primer coche con la pequeña Virginia. Después iban el ministro de los Estados Unidos y su esposa, y detrás, Washington y los dos muchachos. En el último coche iba la señora Umney. Todo el mundo convino en que, después de haber sido atemorizada por el fantasma por espacio de más de cincuenta años, tenía realmente derecho de verlo desaparecer para siempre. Cavaron una profunda fosa en un rincón del cementerio, precisamente bajo el tejo centenario, y dijo las últimas oraciones, del modo más patético, el reverendo Augusto Dampier. Luego, al bajar la caja a la fosa, Virginia se adelantó, colocando encima de ella una gran cruz hecha con flores de almendro, blancas y rojas. En aquel momento salió la luna de detrás de una nube e inundó el cementerio con sus silenciosas oleadas de plata, y de un bosquecillo cercano se elevó el canto de un ruiseñor. Virginia recordó la descripción que le hizo el fantasma del jardín de la Muerte; sus ojos se llenaron de lágrimas y apenas pronunció una palabra durante el regreso.

A la mañana siguiente, antes de que lord Canterville partiese para la ciudad, la señora Otis conferenció con él respecto de las joyas entregadas por el fantasma a Virginia. Eran soberbias, magníficas. Había, sobre todo, un collar de rubíes, en una antigua montura veneciana, que era un espléndido trabajo del siglo XVI, y el conjunto representaba tal cantidad que el señor Otis sentía vivos escrúpulos en permitir a su hija que se quedase con ellas.

-Señor -dijo el ministro-, sé que en este país se aplica la mano muerta lo mismo a los objetos menudos que a las tierras, y es evidente, evidentísimo para mí, que estas joyas deben quedar en poder de usted como legado de familia. Le ruego, por tanto, que consienta en llevárselas a Londres, considerándolas simplemente como una parte de su herencia que le fuera restituida en circunstancias extraordinarias. En cuanto a mi hija, no es más que una chiquilla, y hasta hoy, me complace decirlo, siente poco interés por estas futilezas de lujo superfluo. He sabido igualmente por la señora Otis, cuya autoridad no es despreciable en cosas de arte, dicho sea de paso (pues ha tenido la suerte de pasar varios inviernos en Boston, siendo muchacha), que esas piedras preciosas tienen un gran valor monetario, y que si se pusieran en venta producirían una bonita suma. En estas circunstancias, lord Canterville, reconocerá usted, indudablemente, que no puedo permitir que queden en manos de ningún miembro de la familia. Además de que todas estas tonterías y juguetes, por muy apreciados y necesitados que sean a la dignidad de la aristocracia británica, estarían fuera de lugar entre personas educadas según los severos principios, pudiera decirse, de la sencillez republicana. Quizá me atrevería a asegurar que Virginia tiene gran interés en que le deje usted el cofrecito que encierra esas joyas, en recuerdo de las locuras y el infortunio del antepasado. Y como ese cofrecito es muy viejo y, por consiguiente, deterioradísimo, quizá encuentre usted razonable acoger favorablemente su petición. En cuanto a mí, confieso que me sorprende grandemente ver a uno de mis hijos demostrar interés por una cosa de la Edad Media, y la única explicación que le encuentro es que Virginia nació en un barrio de Londres, al poco tiempo de regresar la señora Otis de una excursión a Atenas.

Lord Canterville escuchó imperturbable el discurso del digno ministro, atusándose de cuando en cuando el bigote gris para ocultar una sonrisa involuntaria. Una vez que hubo terminado el señor Otis, le estrechó cordialmente la mano y contestó:

-Mi querido amigo, su encantadora hijita ha prestado un servicio importantísimo a mi desgraciado antecesor. Mi familia y yo le estamos reconocidísimos por su maravilloso valor y por la sangre fría que ha demostrado. Las joyas le pertenecen, sin duda alguna, y creo, a fe mía, que si tuviese yo la suficiente insensibilidad para quitárselas, el viejo tunante saldría de su tumba al cabo de quince días para infernarme la vida. En cuanto a que sean joyas de familia, no podrían serlo sino después de estar especificadas como tales en un testamento, en forma legal, y la existencia de estas joyas permaneció siempre ignorada. Le aseguro que son tan mías como de su mayordomo. Cuando la señorita Virginia sea mayor, sospecho que le encantará tener cosas tan lindas que llevar. Además, señor Otis, olvida usted que adquirió usted el inmueble y el fantasma bajo inventario. De modo que todo lo que pertenece al fantasma le pertenece a usted. A pesar de las pruebas de actividad que ha dado Simón por el corredor, no por eso deja de estar menos muerto, desde el punto de vista legal, y su compra lo hace a usted dueño de lo que le pertenecía a él.

El señor Otis se quedó muy preocupado ante la negativa de lord Canterville, y le rogó que reflexionara nuevamente su decisión; pero el excelente par se mantuvo firme y terminó por convencer al ministro de que aceptase el regalo del fantasma. Cuando, en la primavera de 1890, la duquesita de Cheshire fue presentada por primera vez en la recepción de la reina, con motivo de su casamiento, sus joyas fueron motivo de general admiración. Y Virginia fue agraciada con la diadema, que se otorga como recompensa a todas las norteamericanitas juiciosas, y se casó con su novio en cuanto éste tuvo edad para ello. Eran ambos tan agradables y se amaban de tal modo, que a todo el mundo le encantó ese matrimonio, menos a la vieja marquesa de Dumbleton, que venía haciendo todo lo posible por atrapar al duquesito y casarlo con una de sus siete hijas. Para conseguirlo dio al menos tres grandes comidas costosísimas. Cosa rara: el señor Otis sentía una gran simpatía personal por el duquesito, pero teóricamente era enemigo de los títulos y, según sus propias palabras, “era de temer que, entre las influencias debilitantes de una aristocracia ávida de placer, fueran olvidados por Virginia los verdaderos principios de la sencillez republicana”. Pero nadie hizo caso de sus observaciones, y cuando avanzó por la nave lateral de la iglesia de San Jorge, en Hannover Square, llevando a su hija del brazo, no había hombre más orgulloso en toda Inglaterra.

Después de la luna de miel, el duque y la duquesa regresaron a Canterville-Chase, y al día siguiente de su llegada, por la tarde, fueron a dar una vuelta por el cementerio solitario próximo al pinar. Al principio le preocupó mucho lo relativo a la inscripción que debía grabarse sobre la losa fúnebre de Simón, pero concluyeron por decidir que se pondrían simplemente las iniciales del viejo gentilhombre y los versos escritos en la ventana de la biblioteca. La duquesa llevaba unas rosas magníficas, que desparramó sobre la tumba; después de permanecer allí un rato, pasaron por las ruinas del claustro de la antigua abadía. La duquesa se sentó sobre una columna caída, mientras su marido, recostado a sus pies y fumando un cigarrillo, contemplaba sus lindos ojos. De pronto tiró el cigarrillo y, tomándole una mano, le dijo:

-Virginia, una mujer no debe tener secretos con su marido.

-Y no los tengo, querido Cecil.

-Sí los tienes -respondió sonriendo-. No me has dicho nunca lo que sucedió mientras estuviste encerrada con el fantasma.

-Ni se lo he dicho a nadie -replicó gravemente Virginia.

-Ya lo sé; pero bien me lo podrías decir a mí.

-Cecil, te ruego que no me lo preguntes. No puedo realmente decírtelo. ¡Pobre Simón! Le debo mucho. Sí; no te rías, Cecil; le debo mucho realmente. Me hizo ver lo que es la vida, lo que significa la muerte y por qué el amor es más fuerte que la muerte.

El duque se levantó para besar amorosamente a su mujer.

-Puedes guardar tu secreto mientras yo posea tu corazón -dijo a media voz.

-Siempre fue tuyo.

-Y se lo dirás algún día a nuestros hijos, ¿verdad?

Virginia se ruborizó.

Puedes continuar leyendo El Artista y el Discípulo, los poemas de Oscar Wilde .

Entradas relacionadas

Texto del El Cathach.

Cómo la primera disputa de derechos de autor desencadenó un sangriento conflicto bélico

Grabado antiguo de un Ashiarai Yashiki.

Ashiarai Yashiki, y los monstruos yokai más llamativos del folclore japonés

Ilustración de unos balleneros.

Mocha Dick, el cachalote que inspiró a Moby Dick de Herman Melville

Alicia en el país de las maravillas con el conejo y el sombrerero loco.

El sombrerero loco que inspiró a Alicia en el País de las Maravillas

Rollos del Mar Muerto.

Cómo se desenrollaron los Manuscritos del Mar Muerto sin destruirlos

Imagen de dos de las páginas del Pictorial Webster.

Cómo funcionan las imprentas de tipos móviles y el Pictorial Webster’s

  • El fantasma de Canterville

El fantasma de Canterville de Wilde, Oscar

Las mejores frases de El fantasma de Canterville 10 frases

Descubre las mejores citas y frases del libro El fantasma de Canterville escrito por Wilde, Oscar.

Vota por tus favoritas, compártelas en tus redes y si lo deseas también puedes descargar el libro El fantasma de Canterville

Frases de El fantasma de Canterville

Me hizo ver lo que era la vida, y lo que significa la muerte; y por qué el amor es más fuerte que ambas.
Además, olvida usted, señor Otis, que el precio que pagó incluía tanto el castillo como el fantasma..

- Oscar Wilde

El mundo es un escenario, pero el reparto de la obra está mal hecho.
Sus dedos estaban fríos como el hielo y sus labios abrasaban como el fuego.
La única manera de librarse de la tentación es ceder ante ella. Si se resiste, el alma enferma, anhelando lo que ella misma se ha prohibido, deseando lo que sus leyes monstruosas han hecho monstruoso e ilegal
Sus dedos estaban fríos como el hielo y sus labios abrasaban como el fuego
Puedes guardarte tu secreto mientras pueda ser yo el dueño de tu corazón

¿Te han gustado las frases? ¡Descarga el libro El fantasma de Canterville!

Estadísticas de este libro

Publicado: 21-03-2014

Número de veces visto: 194996

Total de descargas: 167354

Paxala.com

El fantasma de Canterville

El fantasma de Canterville es una obra del escritor y dramaturgo irlandés Oscar Wilde . Es un cuento de siete capítulos, cuya publicación tuvo lugar en febrero de 1887, en una revista literaria londinense de corta vida, llamada “The Court and Society Review”. Tiene una estructura que le ha permitido ser llevada a representaciones de teatro, radio y televisión.

Tabla de Contenido

Algunos personajes principales

El personaje central es el fantasma de sir Simón Canterville, que se ha dedicado desde el siglo XVI a espantar a los habitantes del castillo Canterville-Chase. La situación se trastoca cuando el castillo es adquirido por el “ministro estadounidense” Hiram B. Otis, que se muda allí con su familia, a saber, su esposa Lucrecia, su hijo Washington, su hija Virginia y los dos gemelos pequeños, que tienen por sobrenombres “Barras” y “Estrellas”, en honor de la bandera de su país.

Otros dos personajes de relevancia son la señora Umney, anciana que ha servido por cincuenta años como ama de llaves de Canterville-Chase, y el joven Cecil, duque de Cheshire, y pretendiente de la joven Virginia.

Género de la obra

El fantasma de Canterville califica directamente como cuento, escrito en clave de comedia negra (dados los elementos sobrenaturales presentes en el relato). También es correcto clasificarla como una sátira con una serie de elementos fantásticos.

Resumen del libro El fantasma de Canterville

El señor Hiram B. Otis, presentado como ministro de los “Estados Unidos”, acaba de concretar la compra del castillo de Canterville, a pesar de las advertencias del dueño, lord Canterville, acerca de que el castillo se halla embrujado por la presencia de un ancestro muerto hacía unos 300 años. Otis es sencillamente un hombre pragmático que no cree en fantasmas, y por eso, luego de la compra, hace caso omiso de la misteriosa mancha de sangre que ha aparecido en el salón principal, aunque la vieja ama de llaves, la señora Umney, les indica que la mancha es obra del fantasma. De hecho, proceden a limpiarla con un producto que han traído de los Estados Unidos.

Esa primera noche, el señor Otis oye el molesto ruido de cadenas que rechinan por los pasillos del castillo, y cuando sale a ver qué ocurre, se encuentra con el fantasma, ataviado con ropa hecha jirones y ojos centelleantes. Lejos de asustarse, el dueño de casa le ofrece al fantasma un frasco con otro producto estadounidense con el que puede limpiar las cadenas y evitar que rechinen. Indignado, el fantasma se retira, pero antes se cruza con los gemelos Otis que lo atacan con unas almohadas.

Allí comienza entonces el jocoso tormento al que es sometido el espectro de sir Simón por la familia estadounidense, que no cesa de hacerle bromas cada vez que intenta espantarlos, además del empeño con el que limpian la mancha de sangre del salón cada vez que el fantasma la repone. Esta mancha provoca un efecto curioso, toda vez que cada día aparece de un tono ligeramente distinto, hasta que llega a aparecer de color verde esmeralda, lo que provoca la aprensión de la joven Virginia.

La poca seriedad con la que los Otis se toman al fantasma provoca que éste se halle cada vez más frustrado y deprimido, hasta que casualmente Virginia, la única que no participaba de las bromas, lo encuentra solo y meditabundo en un pequeño cuarto de costura anexo al castillo. Conversando con él, se entera de los motivos por los que el fantasma no descansa, y le reclama que había estado reponiendo “la mancha de sangre” con las pinturas que ella usaba para sus cuadros.

Sir Simón de Canterville le explica que había sido un hombre violento y cruel, que había asesinado a su esposa por ser “feísima y mala cocinera”. La familia de la mujer, posteriormente, lo había encerrado y encadenado en un sótano, colocándole cerca un plato con comida y una jarra de agua, de manera de que no pudiera alcanzarlos. Encerrado de este modo, Canterville murió de hambre y nunca se supo más de él, hasta que apareció como fantasma. Pero según una profecía, encontraría la paz y descansaría por siempre si una joven pura lloraba por sus pecados y pedía por su alma. La joven resultó ser la hija de los Otis.

Virginia ayuda al fantasma a alcanzar la redención, con lo que la presencia en el castillo cesa. Sin embargo, la conversación entre Canterville y la muchacha será un secreto que mantendrá, aún después de casada.

También te podría gustar...

libro cumbres borrascosas

Cumbres borrascosas

libro yerma

4 Respuestas

  • Comentarios 4
  • Pingbacks 0

gracias muy bien 😉

gracias me sirvió de mucho

es un buen texto para pasar un buen rato paso paso,la mitologia griega determina la buena lectura y dialogo de un texpo por l cual este texto esta autorizado por el CEPK que significa comision escrita po kevin y por lo cual le doy el visto bueno a la obra literaria

ES UN BUEN LIBRO LO RECOMIENDO

Deja una respuesta Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Correo electrónico *

Academia.edu no longer supports Internet Explorer.

To browse Academia.edu and the wider internet faster and more securely, please take a few seconds to  upgrade your browser .

Enter the email address you signed up with and we'll email you a reset link.

  • We're Hiring!
  • Help Center

paper cover thumbnail

ANALISIS LITERARIO " El fantasma de Canterville "

Profile image of Fatima nuñez

Este resumen trata de la obra el Fantasma de Canterville

Related Papers

Jennifer Sucely Zelada De León

1( El fantasma de Canterville y El crimen de Lord Arthur Savile

el fantasma de canterville mensaje de la obra

Jany Sanchez

Arte nuevo: revista de estudios áureos

Fernando Rodríguez-Gallego

Natalia Sierra

Revista de la Federación Centroamericana de Obstetricia y Ginecología

rodolfo andrino

Kamchatka. Revista de análisis cultural

Analisis del cuento El diablo de Leon tolstoi, en este nos relata la desesperacion que sufre el hombre a causa de los deseos carnales y la fatidica conclusion a la que llega nuestro protagonista. Es un cuento cargado de cuestiones morales y psicologicas, propias de la tematica Tolstoiana.

Gonzalo Berné

Orlando Mejía Rivera

RELATED PAPERS

Summa Psicológica

Diana Ramos de Oliveira

Jessica Neff

Journal of Pediatric Surgery Case Reports

Andrew J A Holland

Neuro-Oncology

John Villano

FEBS Letters

Hermann Ammer

AJP: Endocrinology and Metabolism

CLAUDIA BARBOSA LADEIRA DE CAMPOS

Journal of Internal Medicine

Michael Henein

International Journal of Management and Fuzzy Systems

Daniel Rajan

Indian Journal of Sleep Medicine

Rajat Biswas

Indian Phytopathology

shekhar yadav

BMC Infectious Diseases

Charlotte Gaydos

Experimental Physiology

Federica Pessina

Mehmet S E Z A I Türk

International Journal of Environmental Research and Public Health

Philippe Gachon

Md. Rahedul Islam

Atmospheric Research

Bob Kochtubajda

Gary Litherland

  •   We're Hiring!
  •   Help Center
  • Find new research papers in:
  • Health Sciences
  • Earth Sciences
  • Cognitive Science
  • Mathematics
  • Computer Science
  • Academia ©2024

logo estudyando

  • Biología
  • Química
  • Ecología y Medio ambiente
  • Ciencias sociales
  • Matemáticas
  • Psicología
  • Salud y enfermería

foto perfil

El Fantasma de Canterville: Introducción y Conclusión

Un estudio en contraste.

Hay un dicho que dice que los opuestos se atraen. Oscar Wilde pone esto a prueba en su cuento “El fantasma de Canterville” . Cuando comienza la historia, un ministro estadounidense, el Sr. Otis, ha comprado una casa que, según le advirtieron sus conocidos británicos, está encantada. Él hace caso omiso de estas advertencias. Inmediatamente, el lector reconoce que Wilde presenta la actitud de los estadounidenses en contraste con el comportamiento reservado y formal de los británicos.

El capítulo final de la historia presenta una perspectiva diferente de la familia Otis. Virginia, la hija mayor del ministro, libró la casa del fantasma y recibió una recompensa del fantasma por sus esfuerzos. Su padre intenta devolver el tesoro a los dueños originales de la casa, pero se niega repetidamente. Este acto contrasta mucho con la impresión inicial creada por el Sr. Otis.

Americanos descarados

Cuando se presenta por primera vez a la familia Otis, llegaron para ocupar su nuevo hogar, Canterville Chase. Esta casa está ”a siete millas de Ascot, la estación de tren más cercana”. Están en el campo y lejos de la civilización. Mientras se preparan para mudarse, la familia se entera de que muchos de los lugareños creen que la casa está encantada, al menos según los antiguos ocupantes que afirman que un fantasma los aterrorizó. Esto no disuade al Sr. Otis.

Todo lo contrario. El Sr. Otis se muestra un poco arrogante y condescendiente con los ingleses. Menciona que si “hubiera tal cosa como un fantasma… lo tendríamos… en uno de nuestros museos”. No cree en los fantasmas, y encuentra que “las leyes de la naturaleza no van a ser suspendido para la aristocracia británica”. Se hace evidente que las creencias y el comportamiento de los estadounidenses van a ser contrastados con los de los británicos.

No contento con esta leve comparación, Wilde exagera sus diferencias cuando la familia Otis nota una mancha de sangre en la sala de estar. La señora Otis quiere que se la quiten. La Sra. Umney, su ama de llaves inglesa, indica que es una atracción turística popular en el hogar y no se puede quitar. El hijo de la Sra. Otis, Washington, intenta quitarla con el “Quitamanchas Champion de Pinkerton”. La mancha desaparece, pero reaparece al día siguiente. Tanto los estadounidenses como los británicos quieren capitalizarlo, pero por métodos diferentes, creando de nuevo un contraste cultural.

Incredulidad

El contraste entre los estadounidenses y los británicos continúa más allá de sus comportamientos percibidos. La negativa a reconocer que los fantasmas pueden existir menosprecia la creencia inglesa en los fantasmas. Los estadounidenses opinan que si no se puede probar científicamente, entonces no hay pruebas sustanciales de su existencia. Como resultado de esta posición, la familia Otis ignora todos los casos de actividad sobrenatural en Canterville Chase.

Esto contrasta con sus creencias espirituales. El Sr. Otis tiene una noción particular sobre el más allá y el estado del alma. Su familia comparte estas creencias. Sin embargo, al final de la historia, cuando Virginia le confiesa a su esposo el efecto que el fantasma, Sir Simon, tuvo sobre ella, este efecto contrasta con las enseñanzas de su padre. Ella le dice a su esposo que gracias a Sir Simon, “ve lo que es la vida y lo que significa la muerte, y por qué el amor es más fuerte que ambos”.

La mención de que el Amor es más fuerte que la Muerte significa que perdura después de la expiración de la vida. Si pueden creer que el amor perdura después de la muerte, ¿por qué no aceptar la idea de que el espíritu puede permanecer aunque el cuerpo haya expirado? Wilde explora el contraste entre creer en una vida después de la muerte y negarse a aceptar la posibilidad de fantasmas. Ambos están más allá de la capacidad del hombre para probarlos científicamente. Esta pregunta es otro ejemplo del contraste que presenta Wilde entre la introducción y la conclusión de “El fantasma de Canterville”.

Hay otro ejemplo más del contraste entre la introducción y la conclusión de “El fantasma de Canterville”. Es la idea del amor, especialmente el amor mutuo. Al considerar la idea de un fantasma acechando en su nuevo hogar, el ama de llaves inglesa, la Sra. Umney, sufre un desmayo. La Sra. Otis está preocupada por un ama de llaves que se desmaya. El Sr. Otis le dice a la Sra. Otis que “le cargue (estos casos) como roturas”. En lugar de compasión o preocupación por su salud, el Sr. Otis busca romper con la Sra. Umney un hábito que considera inaceptable e inapropiado.

Cuando la historia concluye, el Sr. Otis revela una actitud diferente cuando intenta regalar las preciosas joyas que el fantasma, Sir Simon, le dejó a su hija. Debido a que no puede devolver la caja de joyas a los propietarios legítimos, el Sr. Otis está “muy angustiado”. Lord Canterville cree que la hija del Sr. Otis, Virginia, se ha ganado esta recompensa por su “importante servicio”. (a sir Simon).” De hecho, Virginia fue admirada ”por su maravilloso coraje”.

Virginia realizó un acto altruista en contraste con el interés propio para ella o su familia. Su comportamiento es bastante consistente a lo largo de la historia y tal vez sirva como un recordatorio de que las diferencias culturales se pueden salvar y tolerar. Para una historia que se centra en el contraste entre las costumbres y el comportamiento británico y estadounidense, Virginia muestra que la amabilidad y el amor se reconocen independientemente de la cultura o el estado de vida. No solo contrasta con su familia americana sino también con sus prejuicios culturales. Este es un comentario sutil, pero final, de Wilde sobre nuestras percepciones preconcebidas.

Resumen de la lección

Revisemos. “El fantasma de Canterville” de Oscar Wilde es una historia que juega con el contraste entre los comportamientos y creencias estadounidenses y británicos. Esto se vislumbra brevemente en el capítulo inicial de la historia, pero hay varios otros contrastes que no se perciben hasta el capítulo final.

Ya sea por la actitud arrogante de los estadounidenses que menosprecian las creencias espirituales de sus vecinos, particularmente de las cosas que creen que no pueden existir, o el acto de amor desinteresado, Wilde contrasta su introducción con su conclusión. Este emparejamiento encaja bien con la estructura general de la trama y podría considerarse el marco de la historia. También fomenta la apreciación del oficio de Wilde.

Articulos relacionados

  • Diario de Ana Frank de Albert Hackett y Frances Goodrich: resumen y personajes
  • El modelo millonario de Oscar Wilde: resumen y análisis
  • El fantasma de Canterville: Resumen del Capítulo 2
  • Los censores: resumen, tema y análisis
  • El fantasma de Canterville: Resumen del Capítulo 1
  • Forrest Gump: resumen del libro, referencias históricas y análisis
  • Cuarenta estudios que cambiaron la psicología por Roger Hock: Resumen
  • Las ruinas circulares de Jorge Borges: resumen y análisis
  • El alquimista de Paulo Coelho: resumen, personajes y citas
  • Los elefantes pueden recordar: resumen y citas
  • El fantasma de Canterville: Resumen del Capítulo 3
  • El despertar de Kate Chopin: resumen y análisis

El fantasma de Canterville

Por oscar wilde, el fantasma de canterville metáforas y símiles, “la señorita virginia e. otis era una muchachita de quince años, esbelta y graciosa como un cervatillo.” (p. 16) (símil).

Al comienzo de la historia, el narrador compara a la muchacha con un ciervo bebé, una criatura tierna y vulnerable. Esta semejanza destaca la fragilidad e inocencia de Virginia. La elección de un animal destaca la idea de que ella se encuentra más cercana a lo natural como fuente de belleza que a la sociedad humana. En este sentido, la dulzura de la muchacha permite entender su compromiso con el fantasma como un acto de compasión propio de su personalidad.

“Una macabra vestimenta, semejante a la suya, envolvía en blancura silenciosa su forma de Titán.” (p. 35) (Metáfora)

Esta metáfora forma parte de la descripción del fantasma falso que engaña y ataca a sir Simon. El largo sudario de la criatura es comparado con las nieves silenciosas, y el enorme tamaño del cuerpo del fantasma tiene forma de Titán. Los Titanes eran seres mitológicos conocidos por su ferocidad y su gigante tamaño. En este sentido, esta metáfora explica por qué el fantasma de Canterville se asusta al verlo.

La elección de esta referencia, perteneciente a la mitología griega, sugiere un vínculo con otros textos literarios, lo que refuerza el tono poético y artístico presente en este pasaje. En este punto, esta metáfora contrasta con la realidad material revelada más tarde, cuando se descubre que el fantasma falso nada tiene de épico, sino que está hecho con una cortina blanca y una escoba.

“Frente a él se alzaba un horrible y pavoroso espectro, inmóvil como una estatua, monstruoso como la pesadilla de un loco.” (p. 35) (Símil)

Este símil también es usado para describir al “espectro” que asusta a sir Simon, aunque más tarde descubrimos que es víctima de una broma cruel. En esta comparación, el fantasma falso aparece como una estatua inmóvil, enfatizando en la quietud del personaje. Destacar este rasgo puede entenderse como una anticipación narrativa: finalmente, esa escultura no es un fantasma verdadero.

"Sus finos labios se movieron como pétalos de rosa" (p. 51) (Símil)

En este pasaje, el símil es usado para describir la reacción de Virginia cuando se entera de que hace trescientos años que el fantasma no descansa en paz. El temblor de los labios de la muchacha revela la empatía que siente con el sufrimiento de sir Simon. La comparación con una flor exhibe implícitamente que Virginia mantiene su belleza incluso cuando se encuentra alterada o movilizada. Nuevamente, estos símiles vinculan a la muchacha con el mundo natural: ella no intenta esconder sus emociones de manera artificial sino que las demuestra abiertamente, tal como lo hace la naturaleza.

“Con una gentileza que recordaba los tiempos pasados, la besó (…) sus labios abrasaban como el fuego.” (p. 53-54) (Símil)

En este pasaje, el beso de sir Simon a Virginia aparece comparado con la sensación caliente del fuego. En este sentido, el fuego opera como símbolo de la pasión del fantasma, que contrasta con su húmedo y frío cuerpo, muerto hace trescientos años. Esta comparación ha sido leída como una manifestación del deseo presente entre ambos, lo que permite hipotetizar la existencia de algún tipo de encuentro sexual a escondidas. Esta lectura se refuerza con el silencio de Virginia, que se niega a contarle a su familia, e incluso a su marido, qué pasó con el fantasma durante las horas que estuvo desaparecida.

GradeSaver will pay $15 for your literature essays

El fantasma de Canterville Preguntas y Respuestas

La sección Pregunta y Respuesta para El fantasma de Canterville es un gran recurso para hacer preguntas, encontrar respuestas y discutir la novel.

los otis viajan a inglaterra para huir de el fantasma?

No, Hiram B. Otis, un rico funcionario estadounidense, debe establecer su residencia en el Reino Unido por razones profesionales, por lo que decide adquirir el castillo de Canterville, una antigua casa señorial, ignorando las advertencias de su...

vision del dinero sobre el fantasma de canterville

Aunque la cuestión monetaria no aparece explícitamente en primer plano, es lo que permite el traslado de la familia Otis al castillo de los Cantervilles. En este sentido, la familia inglesa tiene un prestigioso linaje aristocrático pero carece de...

por que motivo la familia de lord canterville decide abandonar el castilo

Can you ask this in English please?

Guía de Estudio para El fantasma de Canterville

La guía de estudio de El fantasma de Canterville contiene una biografía de Oscar Wilde, ensayos literarios, cuestionarios, temas principales, personajes y un resumen y análisis completo.

  • Acerca de El fantasma de Canterville
  • El fantasma de Canterville Resumen
  • Lista de Personajes

Entradas de Wikipedia para El fantasma de Canterville

  • Introduction

el fantasma de canterville mensaje de la obra

Cuento Poemas

Descubre las preguntas y respuestas sobre El Fantasma de Canterville»

una imagen de un antiguo castillo rodeado de niebla con una figura fantasmal en primer plano

En este artículo, exploraremos las preguntas más frecuentes sobre «El Fantasma de Canterville», una de las historias más conocidas del famoso autor Oscar Wilde. Desde su origen hasta su mensaje moral, desentrañaremos los secretos de esta cautivadora obra literaria.

«El Fantasma de Canterville» es un relato gótico escrito por Oscar Wilde en 1887. Esta historia, llena de humor y elementos sobrenaturales, sigue la vida del fantasma Sir Simon de Canterville y la familia Otis, quienes se mudan a la mansión embrujada de Canterville.

El origen de «El Fantasma de Canterville»

Oscar Wilde escribió «El Fantasma de Canterville» mientras vivía en Estados Unidos. Fue publicada por primera vez en la revista The Court and Society Review en febrero de 1887. La historia fue muy bien recibida y se convirtió en uno de los relatos más populares de Wilde.

Los personajes principales de la historia

La historia presenta una variedad de personajes memorables. Los Otis, una familia estadounidense pragmática y poco supersticiosa, son los protagonistas de la historia. El fantasma Sir Simon de Canterville, cuyo objetivo es asustar a los Otis sin éxito, es otro personaje central. Además, los personajes secundarios como Virginia, la hija de los Otis, y el duque de Cheshire, quien desempeña un papel importante en el desenlace de la trama.

El desarrollo de la trama

La historia comienza con la llegada de los Otis a la mansión de Canterville, donde pronto descubren que está habitada por un fantasma. Sin embargo, los Otis se niegan a dejarse intimidar por los intentos de Sir Simon de asustarlos. En cambio, le juegan bromas al fantasma, lo que lo lleva a la frustración. A medida que avanza la historia, la relación entre el fantasma y los Otis evoluciona, y se revelan secretos del pasado de Sir Simon. Finalmente, la historia alcanza su clímax con un giro sorprendente.

El mensaje moral de la historia

«El Fantasma de Canterville» aborda temas como la importancia de la empatía, el perdón y la redención. A través del personaje de Sir Simon, Wilde nos muestra cómo la crueldad y el rechazo pueden afectar profundamente a una persona, incluso más allá de la muerte. La historia nos enseña la importancia de tratar a los demás con compasión y comprensión, incluso cuando parecen diferentes o aterradores.

«El Fantasma de Canterville» es un relato encantador que combina elementos sobrenaturales con una dosis de humor. A través de su historia y personajes memorables, Wilde nos brinda una valiosa lección sobre la importancia de la empatía y el perdón. Esta historia perdura en el tiempo como un clásico de la literatura que sigue cautivando a lectores de todas las edades.

Preguntas frecuentes

¿cuál es el argumento principal de «el fantasma de canterville».

El argumento principal de «El Fantasma de Canterville» gira en torno a la relación entre los Otis, una familia estadounidense pragmática, y el fantasma Sir Simon de Canterville. A medida que los Otis se niegan a ser asustados por el fantasma, se desarrolla una historia llena de humor y momentos sobrenaturales.

¿Quién es el autor de esta famosa historia?

El autor de «El Fantasma de Canterville» es Oscar Wilde, un renombrado escritor, poeta y dramaturgo irlandés. Wilde es conocido por su ingenio y su estilo satírico, y esta historia es uno de sus trabajos más populares.

¿Qué lecciones morales se pueden aprender de este relato?

Entre las lecciones morales que se pueden aprender de «El Fantasma de Canterville» se encuentra la importancia de la empatía y el perdón. La historia nos muestra cómo nuestras acciones y actitudes pueden afectar profundamente a los demás, incluso a aquellos que parecen diferentes o aterradores. Además, Wilde nos insta a ser compasivos y comprensivos con los demás, sin importar sus apariencias o circunstancias.

Entradas relacionadas

una ilustracion de caperucita roja y el lobo feroz charlando en el bosque

Caperucita Roja y el Lobo Feroz: Una conversación inesperada

una imagen de un rey enigmatico con una corona dorada rodeado de sombras y misterio

El misterio del otro rey: un cuento intrigante para descubrir

una imagen de un libro antiguo y misterioso con un fondo oscuro y letras doradas resaltando el titulo las mil y una noches

Descubre los secretos de Las Mil y una Noches

una imagen oscura de un monte rodeado de niebla y arboles retorcidos

El misterio y terror en El monte de las ánimas»: descubre qué sucede»

una imagen de los reyes magos con regalos y un libro antiguo

El relato extenso de los Reyes Magos: una joya literaria que deslumbra

una ilustracion de caperucita roja con una pluma y un libro abierto al lado

La verdadera historia de Caperucita Roja»: ¿Quién la escribió?»

Deja un comentario cancelar respuesta.

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Correo electrónico*

Guarda mi nombre, correo electrónico y web en este navegador para la próxima vez que comente.

Enciclopedia de la Literatura en México

Para el correcto funcionamiento debe tener el soporte de javascript habilitado

El fantasma de Canterville

  • CONTRAPORTADA 2013

BIBLIOGRAFÍA RELACIONADA

January 1, 2014 by Mark

IMAGES

  1. Lea El fantasma de Canterville de Oscar Wilde en línea

    el fantasma de canterville mensaje de la obra

  2. Descubre y ríe con ganas con la increíble historia del Fantasma de

    el fantasma de canterville mensaje de la obra

  3. Reseña El fantasma de Canterville

    el fantasma de canterville mensaje de la obra

  4. EL FANTASMA DE CANTERVILLE Y OTRAS HISTORIAS EBOOK

    el fantasma de canterville mensaje de la obra

  5. EL FANTASMA DE CANTERVILLE (LIBRO): RESUMEN

    el fantasma de canterville mensaje de la obra

  6. El fantasma de Canterville

    el fantasma de canterville mensaje de la obra

VIDEO

  1. El fantasma de canterville

  2. 18 Charly García

  3. Canterville Donde el tiempo corre sin espera

  4. EL FANTASMA DE CANTERVILLE

  5. Audiolibro, “El fantasma de Canterville”, Oscar Wilde, #serviciocomunitariogarza

  6. El Fantasma de Canterville y otras historias

COMMENTS

  1. El fantasma de Canterville: Resumen, Análisis y Personajes

    El fantasma de Canterville es una divertida novela del dramaturgo Oscar Wilde, publicada por primera vez en 1887 en dos número de la revista The Court and Society Review. Se trata de una historia que ha sido adaptada en multitud de formatos, como la radio, la televisión o el cine. MENÚ RÁPIDO 1.- Personajes de El fantasma de Canterville 1.1.

  2. El fantasma de Canterville

    El mensaje que Oscar Wilde intenta expresar por medio del libro es lo preocupantes que se tornan las estructuras del materialismo propias de los burgueses, representados aquí por la familia Otis, la cual nunca se sorprende por el comportamiento del fantasma.

  3. El fantasma de Canterville

    Compartir Acerca del libro El fantasma de Canterville es una novela corta del escritor, dramaturgo y ensayista Oscar Wilde, publicada por primera vez en 1887 a través de dos entregas. Posteriormente fue incluida en la segunda colección de narración ficcional del autor, titulada El crimen de lord Arthur Saville y otras historias.

  4. El fantasma de Canterville

    Con una inteligente mezcla de sátira social y elaborada farsa, 'El fantasma de Canterville', publicada en 1887, narra la historia de una sofisticada familia norteamericana, los Otis, que compran el antiguo castillo inglés de los Canterville.

  5. El fantasma de Canterville Guía de Estudio

    Por otra parte, El fantasma de Canterville no es únicamente una de las narraciones más renombradas y comentadas de la obra de Oscar Wilde. También es, probablemente, su texto con mayor cantidad de adaptaciones, existiendo versiones teatrales, cinematográficas, operísticas e incluso de novela gráfica.

  6. Reseña: El fantasma de Canterville, de Oscar Wilde

    La versión de editorial Alma además de El fantasma de Canterville incluye los principales cuentos de Oscar Wilde como: El príncipe feliz, El ruiseñor y la rosa, El gigante egoísta, El crimen de lord Arthur Savile, El modelo millonario, El cumpleaños de la infanta, El pescador y su alma, entre otros.

  7. El Fantasma de Canterville

    La historia comienza cuando Mister Hiram B. Otis, ministro de EUA, compró a Lord Canterville la finca de su propiedad, la cual se decía que estaba embrujada por un tal Sir Simón de Canterville, quien en un pasado había sido un hombre nefasto, con conductas antisociales y el asesino de su propia esposa Lady Eleonor de Canterville.

  8. El fantasma de Canterville Resumen

    En esta dirección, el fantasma menciona la existencia de una profecía grabada sobre las vidrieras de la biblioteca, en la que se anticipa que una muchacha virtuosa e inocente ayudará a que el alma de un pecador obtenga finalmente la paz.

  9. El fantasma de Canterville Temas

    La herencia y la tradición El fantasma de Canterville es el miembro más antiguo de la familia y forma parte de la casa desde tiempos inmemoriales. Si bien puede ser considerado como una molestia desagradable, forma parte del legado de los Canterville y, por lo tanto, es merecedor de respeto.

  10. El fantasma de Canterville by Oscar Wilde

    March 25, 2019. Una corta historia en la que el "pobre" fantasma de la mansión recientemente adquirida por una familia americana, intentará por todos los medios y todos los miedos asustar a los nuevos propietarios, aunque fracasará en su empeño una y otra vez. Con ironía y sarcasmo, Wilde enfrenta la sociedad británica contra la americana.

  11. El fantasma de Canterville by Oscar Wilde

    El fantasma de Canterville, es un relato escrito por Oscar Wilde y publicado por primera vez en 1887. A lo largo del libro, los lectores tienen la posibilidad de conocer la flamante realidad de los Otis, un sofisticado clan norteamericano que decide comprar un antiguo castillo inglés que supo ser propiedad de los Canterville.

  12. El fantasma de Canterville, Oscar Wilde. Resumen y texto completo

    Si no que además, de manera hilarante, se convierte el mismo en la víctima de las bromas de la familia. El significado del fantasma de Canterville. En definitiva, El fantasma de Canterville es un cuento corto humorístico pero con un mensaje interesante y certero. Es el encuentro y choque entre dos mundos: el más antiguo y supersticioso ...

  13. Las mejores frases de El fantasma de Canterville 10 frases

    Las mejores frases de El fantasma de Canterville 10 frases Descubre las mejores citas y frases del libro El fantasma de Canterville escrito por Wilde, Oscar. Vota por tus favoritas, compártelas en tus redes y si lo deseas también puedes descargar el libro El fantasma de Canterville Frases de El fantasma de Canterville

  14. Resumen del libro El fantasma de Canterville de Oscar Wilde

    El señor Hiram B. Otis, presentado como ministro de los "Estados Unidos", acaba de concretar la compra del castillo de Canterville, a pesar de las advertencias del dueño, lord Canterville, acerca de que el castillo se halla embrujado por la presencia de un ancestro muerto hacía unos 300 años. Otis es sencillamente un hombre pragmático ...

  15. ANALISIS LITERARIO " El fantasma de Canterville

    Personajes: Principales: El fantasma de Canterville: es el alma en pena de sir Simón Canterville, que por trescientos años ha embrujado el castillo de su familia luego de asesinar a su esposa. Lucrecia Otis: de soltera, Lucrecia R. Tappan, es la esposa del Sr. Otis. Washington Otis: hijo mayor de la familia Otis, bautizado en honor a George ...

  16. PDF El fantasma de Canterville

    Algunas semanas después se cerró el trato, y a fines de la estación el ministro y su familia emprendieron el viaje hacia Canterville Chase. La señora Otis, que con el nombre de miss Lucrecía R. Táppan, de la calle West 53, había sido una célebre beldad de Nueva York, era todavía una mujer muy bella, de edad regular, con

  17. El fantasma de Canterville Citas y Análisis

    En esta cita, el señor Otis confirma la existencia del fantasma de Canterville a partir del molesto sonido del chirriar de las cadenas, que lo despierta en la mitad de la noche. El hombre no está asustado por su presencia, sino muy alterado por el ruido que interrumpe su sueño y le impide dormir plácidamente. Por eso, le ofrece a sir Simon ...

  18. El fantasma de Canterville: Lecciones de humor y redención

    ¿Cuál es el mensaje principal de la historia? 2. ¿Cómo se desarrolla el humor en la trama? 3. ¿Qué papel juegan los personajes en la redención del fantasma? La historia del fantasma de Canterville El fantasma de Canterville narra la historia de Sir Simon de Canterville, un fantasma que ha atormentado la mansión de Canterville durante siglos.

  19. El Fantasma de Canterville: Introducción y Conclusión

    Hay otro ejemplo más del contraste entre la introducción y la conclusión de "El fantasma de Canterville". Es la idea del amor, especialmente el amor mutuo. Al considerar la idea de un fantasma acechando en su nuevo hogar, el ama de llaves inglesa, la Sra. Umney, sufre un desmayo. La Sra. Otis está preocupada por un ama de llaves que se ...

  20. PDF EL FANTASMA DE CANTERVILLE

    EL FANTASMA DE CANTERVILLE I Cuando míster Hiram B. Otis , el ministro de América, compró Canterville-Chase, todo el mundo le dijo que cometía una gran necedad, porque la finca estaba embrujada. Hasta el mismo lord Canterville, como hombre de la más escrupulosa honradez, se creyó en el deber de participárselo a míster Otis, cuando ...

  21. El fantasma de Canterville Metáforas y Símiles

    35) (Metáfora) Esta metáfora forma parte de la descripción del fantasma falso que engaña y ataca a sir Simon. El largo sudario de la criatura es comparado con las nieves silenciosas, y el enorme tamaño del cuerpo del fantasma tiene forma de Titán. Los Titanes eran seres mitológicos conocidos por su ferocidad y su gigante tamaño.

  22. Descubre las preguntas y respuestas sobre El Fantasma de Canterville"

    «El Fantasma de Canterville» es un relato gótico escrito por Oscar Wilde en 1887. Esta historia, llena de humor y elementos sobrenaturales, sigue la vida del fantasma Sir Simon de Canterville y la familia Otis, quienes se mudan a la mansión embrujada de Canterville. Contenidos El origen de «El Fantasma de Canterville»

  23. El fantasma de Canterville

    Murió en el infortunio, en París, donde se vio obligado a refugiarse tras el repudio social a que lo condujo la moral victoriana. El fantasma de Canterville parodia con fino humor las historias de horror pero, sobre todo, las costumbres de la aristocracia inglesa frente a la pragmática idiosincrasia de los norteamericanos.